Erik escribió: 【"Arlet, querida hermana, no sé qué patán está usando mi nombre para causarte problemas, pero estoy seguro de que es un necio. Por favor, perdona su estupidez. Si llego a saber quién es, no lo dejaré en paz. Tranquila, aquí estoy yo para investigar y detener sus tonterías."】
Al leer aquel mensaje que parecía un breve ensayo, Arlet no sabía si reír o llorar. No era Jesper y tampoco Erik, entonces, ¿sería Alexander? Eso le parecía improbable y aunque no había tratado mucho con Alex, algo le decía que no era él.
Menos aún Maxi, ya que si fuera él, no estaría mandándole a Isabel vainas en la comida.
¿Entonces quién podría ser? De repente, Arlet pensó en alguien. ¿Sería su madre?
¡Si era ella, Arlet no podría rechazarla!
Ella no podía negarse a los deseos de una madre que añoraba a su hija. Entonces, le mandó un mensaje a Erik en el cual le decía: 【"No te preocupes. Déjalo así."】
Erik se quedó pasmado al leer esas palabras.
Mientras tanto, en otro lugar, un secretario abrió las puertas de una oficina fuertemente custodiada e informó: "Señor, la comida de la señorita ya fue entregada."
"¿Dijo algo?" Preguntó Marcus Sandell mientras levantaba la vista.
"La señorita no dijo nada." Contestó el secretario.
El hecho de que aceptara el almuerzo ya era consuelo suficiente para él; al menos, no lo había rechazado.
"Asegúrate de incluir sus platillos favoritos todos los días, la nutrición debe ser balanceada. Avísale a Iván que la cuide bien." Ordenó Marcus, pues él sabía que a Arlet no le gustaba que la molestaran, por lo tanto, intentaban no cruzarse con ella aunque vivieran en la misma ciudad y, supuestamente, fueran las personas más cercanas del mundo, unidas por lazos sanguíneos, aun así se sentían como completos extraños.
¡Esa era la mayor pena!
Apenas terminó de hablar, Marcus añadió: "Mejor yo mismo hablaré con él."
Hizo un gesto con la mano, y el secretario, tras dejar los documentos que traía consigo, se marchó.
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