"La familia Rojas, si quieres destruirla, hazlo, su vida o muerte no me concierne. En cuanto a mi hija, después de haber disfrutado tantos años de riqueza, si se la quieres quitar, adelante." Dijo Irene con indiferencia.
El interlocutor quedó atónito, claramente no esperaba una decisión tan resuelta de su parte. Antes temía morir, y en aquel momento había cambiado de opinión.
"¿Estás segura?"
"¿Cómo podría no estarlo? Voy a morir, ¿qué me importa su vida o muerte?" Irene contestó con una risa fría.
"Dime, ¿qué quieres a cambio?"
"Mi hija ha sido encarcelada..." Irene relató el origen y desarrollo de los eventos: "Saca a mi hija de ahí y dame algo de dinero. Ahora que la familia Rojas me ha expulsado, no tengo los medios para ayudarte."
Después de escucharlo, la persona al otro lado del teléfono permaneció en silencio por un par de segundos y dijo: "Está bien. Dame el número de tu cuenta."
Una vez Irene dio su número de cuenta, escuchó al interlocutor decir: "Si esto no funciona, tú y tu hija no necesitarán quedarse aquí."
Irene tembló y dijo: "Entendido."
Tras colgar el teléfono, Irene se dejó caer al suelo, completamente exhausta.
No sabía cuánto tiempo había pasado allí, hasta que su celular sonó, mostrando una transferencia de dinero a su cuenta. Al ver la cantidad, Irene quedó en shock. Para ella, ese dinero no era más que un presagio de muerte. Arlet, Arlet, ¿por qué seguía en el mundo?
Irene odiaba a Camilo por haber dejado esa calamidad atrás. Si no hubiera sido por él, nada de eso habría pasado.
Un día después, la familia Ramírez retiró la demanda y Luz fue liberada. Cuando Luz salió de la estación de policía, Arlet fue la primera en recibir la noticia.
"¿Ya salió?" Arlet se sorprendió.



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