Jesper reflexionó un momento antes de escribir una línea:【No tienes que pensarlo mucho, es lo que te mereces.】
Mirando esa línea de texto, frunció el ceño y la borró de inmediato. Luego escribió otra línea.
Después de asegurarse de que no había errores, hizo clic en enviar con satisfacción.
Jesper: 【De nada.】
Arlet, tras leerlo, lanzó el celular sobre la mesa y comenzó a preparar la ropa de cama y a ordenar la casa.
Ella no tenía idea de que esas simples palabras, en las que alguien había pensado y dudado tanto, esperando que Arlet respondiera, en realidad... ¡No recibieron respuesta alguna!
Después de una noche ajetreada, Arlet se tumbó en la cama y no pudo evitar pensar que Maxi tenía un buen gusto; la selección de sábanas, edredones y colchón era realmente cómoda, incluso más que en la casa de la familia Monroy.
Allí no había decoraciones ostentosas ni habitaciones grandes y luminosas, pero eso hacía que Arlet sintiera una calidez y comodidad indescriptibles. En esa pequeña y antigua habitación, sentía el cálido afecto de los amigos.
Esa noche, Arlet durmió profundamente. Por primera vez desde que regresó, tuvo un sueño tranquilo y dulce. Al día siguiente, Arlet se levantó de golpe y miró el reloj, notando que ya eran las siete de la mañana. ¡Dios mío! ¡Iba a llegar tarde!
Arlet saltó de la cama, se aseó rápidamente, tomó su bolso apresuradamente y bajó las escaleras. Al salir del edificio, frente a ella bajo la sombra de un árbol, estaban dos jóvenes radiantes. Al ver a Arlet, la saludaron con la mano.
La luz del sol, filtrándose a través de las ramas, caía sobre ellas, sobre sus rostros y sobre sus sonrisas puras y sinceras. Esa sinceridad en sus sonrisas, como el cálido sol de ese día, penetraba directamente en su corazón. Arlet sintió una punzada en el pecho.

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