Diego Monroy se encontraba en su oficina, con la frente surcada de prominentes venas mientras observaba cómo las acciones del Grupo Monroy caían en picada.
"Presidente Monroy, las acciones han alcanzado su límite de baja." Le dijo un empleado a Diego y este último, conteniendo su ira, preguntó: "¿Cómo va la investigación?"
"El señor Oliver logró engañar a varios inversores, obteniendo cien millones para especular en la bolsa. Las acciones que compró han caído estrepitosamente, causando grandes pérdidas y ahora, los inversores le exigen reembolsos que no puede cubrir. Eso lo llevó a idear este desesperado plan."
Diego resopló con desdén, mientras pensaba que eso no era un acto de estupidez en absoluto, pues si realmente hubiera sido así, habría acusado al Grupo Rojas de obtener fondos de manera fraudulenta y no al Grupo Monroy. Era como si hubieran marcado al Grupo Monroy como un blanco fácil.
"Infórmale a nuestros empleados que aclaren con esos individuos que esto no tiene nada que ver con el Grupo Monroy y si tienen pruebas, que nos demanden. Además, necesitamos aclarar esto en internet lo más rápido posible para evitar que se siga extendiendo." Ordenó Diego.
Después de terminar su jornada laboral, cuando Diego regresó a casa, encontró a Luz e Irene charlando y riendo, lo que le hizo hervir la sangre.
"Así que están riendo tan felizmente, ¿cómo es que aún tienen ánimo para reírse?" La súbita furia de Diego dejó a madre e hija completamente desconcertadas.
"Diego, ¿qué te pasa?" Preguntó Irene con voz suave.
"¿Qué pasa?" Cuestionó Diego y la miró fríamente mientras añadía: "Ve y pregúntale a tu sobrino qué ha estado haciendo. ¿Acaso la familia Rojas no descansará hasta ver destruida a la familia Monroy?"
Las duras palabras de Diego dejaron a Irene sintiéndose avergonzada y enfadada, pero no se atrevió a enojarse con él, después de todo, la familia Rojas aún dependía de la familia Monroy y como hija de aquella familia, tenía que pensar en ellos.

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