Flynn giró la cabeza hacia Arlet y le preguntó: "¿Cómo estás?"
Arlet negó con la cabeza, indicando que estaba bien, pero Flynn, con su aguda observación, notó un rasguño en su mejilla, del cual la sangre fresca seguía brotando.
Flynn entrecerró los ojos peligrosamente, y se acercó a Dante, pisándole fuerte el pecho y haciendo que el rostro de este se volviera pálido del dolor.
"¡Carajo!" Dante maldecía por lo bajo, seguro de que eso era un golpe de mala suerte.
Al ver que la persona de enfrente levantaba una silla para lanzársela, Dante sintió tanto miedo como sorpresa, pero repentinamente, unas manos sujetaron las de Flynn y este miró a Arlet, confundido, mientras ella le hacía una señal negativa con la cabeza y le decía: "Déjalos ir, estoy bien."
Dante sintió como si hubiera escapado de un gran peligro, pues si ella hubiera llegado un segundo más tarde, su vida habría terminado ahí.
Flynn le dio una patada mientras exclamaba: "¡Lárgate, imbécil!"
Dante, junto con su grupo de amigos, se fue a toda prisa, mientras que los espectadores se dispersaban, mirando a Flynn y Arlet con admiración.
Oliver se acercó preocupado y, al ver la herida en la cara de Arlet, se sintió tanto lastimado como culpable, por lo que dijo: "Lo siento, fue mi culpa que resultaras herida."
Al oírlo, Flynn dirigió a Oliver una mirada tan fría como un cuchillo y este tembló bajo su mirada.
Un chico que era más joven que él, le daba una sensación de opresión tan fuerte que le costaba respirar.
Arlet, sin hacer ruido, se adelantó y se colocó entre los dos, bloqueando su confrontación.
"Está bien." Respondió Arlet y observó cómo él tomaba un taxi y se alejaba. Entonces, su sonrisa se desvaneció, y todo rastro de dulzura y ternura desaparecieron de su rostro.
Flynn se sorprendió al verla cambiar tan rápidamente de expresión facial y al observar que ella comenzaba a caminar, se apresuró a seguirla mientras le decía: "¿A dónde vas? El hospital más cercano está en la otra dirección."
"Es solo una pequeña herida." Arlet restó importancia.
En su vida anterior, ni siquiera le importaba una larga y horrible cicatriz en su rostro, mucho menos lo haría una pequeña herida en ese momento.
Después de haber renacido durante medio año, ella había ignorado intencionalmente su existencia, evitando buscarlo, pero el dolor en su mejilla la hizo incapaz de reprimir más sus sentimientos por él, quería ver a Orlando, un chico que era cuatro años menor que ella, pero que había muerto intentando protegerla con su cuerpo. Él era la persona a quien más le había fallado y por quien más se sentía culpable en su vida anterior.

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