"¿Qué plan tienes ahora?" Arlet inclinó su cabeza, mirando con sus claros y serenos ojos, observándola con total tranquilidad.
"Ese día en la entrada de la escuela, tú misma me dijiste 'ven a mí cuando no tengas a dónde ir'. Ahora no tengo a dónde ir, y tú sabes muy bien por qué." Marina dijo entre dientes.
"Claro que lo sé." Le respondió Arlet.
"Así que lo admites. Cómo no me di cuenta antes de que eras tan calculadora."
Marina la miró furiosa.
Arlet soltó una risa ligera diciéndole: "He convivido los Romero, durante diez años, una década entera. ¿Cómo no iba a saber qué clase de gente son? ¿Es tan difícil adivinar a qué punto llegarían?"
"No hables como si fueras una víctima. Tú también te acercaste a nosotros con tus propios objetivos. Sabes muy bien cuáles eran." Marina agarró su punto débil y se burló de ella.
Sí, con objetivos. En su vida pasada, sin importar si era antes o después de ser reconocida por la familia, todo giraba en torno a ese objetivo. Eso que alguna vez deseó desesperadamente, incluso en sus sueños. Algo que para muchos era fácil de obtener, pero para alguien como ella, una huérfana, era inalcanzable. Por ello, se humilló. Por ello, pagó un precio.
Así que, en esa vida, no desearía ni anhelaría algo que nunca podría tener.
"¿Viniste a mí hoy solo por esto?"
Marina no respondió.
Arlet se levantó y se fue directamente.
"Espera." Ella detuvo sus pasos y se giró para mirarla en silencio.
Era una serie de frases hechas, creyendo que aún era la misma de antes; que con solo decir unas palabras suaves, la ayudaría sin condiciones.
Marina enfrentó esos fríos ojos de Arlet, se armó de valor y se arrodilló en el suelo de golpe.
"Te lo suplico, danos otra oportunidad." Marina bajó la cabeza, su rostro se torcía en una expresión de amargura, con un profundo rencor en lo más hondo de sus ojos.
No quería que Arlet la hiciera levantarse.
El día que tuviera los medios, la haría pasar por cien o mil veces la humillación que me la había hecho pasar ese día.
Arlet observó su tensa figura y su postura rígida, mientras una sonrisa fría y burlona se dibujaba en sus labios. Ella probablemente podía adivinar lo que Marina estaba pensando. Pero, ¿le importaba? No, ¡para nada!

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