El silencio se extendió por varios segundos, interrumpido solo por el zumbido del aire acondicionado.
"¿Rey?" La voz de Jason resonó a través del auricular con un dejo de impaciencia. "¿Sigues ahí?"
"Sí."
"¿Entonces? ¿Vas a tomar el trabajo?" La ansiedad en la voz de Jason era palpable, esperando el rechazo que le permitiría ofrecer el contrato a otros asesinos.
"Lo acepto", respondió Maxi con voz pausada pero firme.
"¿Qué? ¿Acabas de...? ¿En serio lo aceptas?" La incredulidad se filtraba en cada palabra de Jason. "Oye Rey, ¿andas corto de dinero o algo así?"
"Por cierto, olvidé mencionarte que ya acepté la misión de proteger a esa persona", comentó Maxi con calculada indiferencia.
"¿Cómo? ¿Cuándo pasó esto?"
"Hace tres días."
"¡No puede ser! Entonces este trabajo..."
La respiración de Jason se entrecortó. La reputación de Rey era legendaria - ningún asesino se atrevería a interferir con una de sus misiones de protección.
"Si alguien más quiere tomarlo, adelante", declaró Maxi con una seguridad que resonaba como una sentencia.
"Por todos los... Bueno, supongo que me quedaré sin la comisión de este trabajo", suspiró Jason con resignación.
"¿Quién hizo el encargo?" La voz de Maxi adquirió un matiz amenazante.
"Rey, conoces las reglas. La información del cliente es confidencial."
"Entiendo. Dile a esa persona que su vida me pertenece."
"Claro, le transmitiré el mensaje."
Tras colgar, Maxi marcó otro número sin perder un segundo. "Necesito saber quién me hizo el último encargo. La tarifa es la usual."
La respuesta fue inmediata y precisa: "Entendido."
Mientras tanto, Jason contactaba al cliente. "Lamento informarle que Rey no aceptará su trabajo."
"¿Qué... qué has dicho?" La voz del hombre temblaba descontroladamente. "Yo soy el cliente, vine a contratar sus servicios. ¿Por qué querría matarme?"
Jason permaneció imperturbable ante el pánico del desafortunado cliente. No iba a explicarle que su encargo interfería directamente con una misión activa de Rey. Era una regla básica: un asesino debe eliminar cualquier amenaza potencial para completar su misión.
"Lo siento, señor, no puedo darle más detalles."
"He... he escuchado que también ofrecen servicios de protección", tartamudeó el hombre. "Quiero contratar uno."
Ser el objetivo del mejor asesino del mundo era suficiente para aterrorizar a cualquiera. Hasta los capos más poderosos huirían sin dudarlo.
"Lo lamento, pero no podemos aceptar su solicitud."
"¿Por qué no?" La desesperación en su voz era palpable.
Jason contuvo un suspiro de fastidio. No tenía sentido explicarle a ese ingenuo que fallar en una misión de protección no solo implicaba una compensación astronómica, sino también un golpe devastador a su reputación.
"Cuando Rey marca a alguien como objetivo, no aceptamos contratos de protección."

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Karma