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El Karma de tu Traición romance Capítulo 4

Al volver a ver a Vera, como por arte de magia, cada herida parecía haberse cerrado.

Parecía que ahora hablaba todavía menos que antes. Axel recordaba que, al inicio de la relación, ya le parecía una chica demasiado callada, pero con unos ojos preciosos y transparentes que hablaban por sí solos.-

Cuando no sonreía, daba la impresión de ser fría, pero al reír se volvía completamente tierna.

Solo con él sonreía de verdad, hasta el punto de que la mirada se le llenaba de luz. Solo con él era más extrovertida, bromista, consentida, berrinchuda, caprichosa y tan terca que le provocaba dolores de cabeza.

Las colillas en el basurero empezaron a amontonarse. Axel seguía con la vista clavada en la dirección por la que se había ido el taxi, sin moverse. Poco después, las puertas del restaurante se abrieron y Cristina salió llevando a Lucas de la mano.

El recuerdo se desvaneció de golpe cuando volvió a la realidad.

—Axi, ¿por qué te quedaste aquí afuera? Apenas si comiste —le dijo Cristina con voz suave.

Axel aplastó la colilla para apagarla:

—Con que Lucas y tú hayan comido bien es suficiente. ¿Ya se llenaron? Las llevo a casa.

Cristina se quedó sorprendida:

—¿No vas a ir a la casa? Hemos pasado tan poco tiempo con Lucas en el extranjero. Le dio muchísima alegría saber que por fin dormiría con su papá y su mamá.

Axel sintió el impulso de sacar otro cigarro por inercia, pero se contuvo al recordar que Lucas estaba ahí.

—Quedé de verme con unos amigos, mañana los compenso.

Cristina apretó la correa de su bolsa y, con voz dócil, aceptó.

Llevó a Cristina y a Lucas de vuelta a la casa de la familia Morales. Axel no se bajó del coche; en cuanto los vio cruzar el portón, arrancó de inmediato.

Se dirigió a la zona residencial de la Prepa de la Central. Axel había llevado a Vera ahí un montón de veces en el pasado, así que conocía el camino a la perfección. Sin embargo, al regresar a aquel lugar conocido, disminuyó la velocidad sin darse cuenta.

No sabía si la familia Rosales seguía viviendo ahí, ni tampoco tenía idea de si Vera, tras graduarse de la universidad, vivía con sus papás o estaba rentando.

Mucho menos sabía a qué había ido.

La diferencia era que él había tenido suerte. Apareció en el momento más vulnerable de Vera y se encargó de llevar a la niña buena a participar en carreras de coches, al bungee, a aventarse en paracaídas y a escalar.

Aquel día que la besó a la fuerza, ella le dio un golpe en el cuello que se lo dejó entumecido. Sin embargo, segundos después, Vera lo abrazó con fuerza para besarlo torpemente y recuperar el control.

Era el primer beso de los dos. Chocaron los dientes y ni siquiera sabían cómo tomar aire, pero al mismo tiempo fue el beso más ardiente y descontrolado. Se separaron un segundo para mirarse a los ojos y, sin poder evitarlo, se volvieron a besar.

No podían detenerse, ni querían hacerlo.

Estaba adicto a Vera. Nada más al verla quería abrazarla, besarla, hacerla llorar.

Por eso, la abstinencia fue igual de dura que intentar dejar las drogas.

Cuando se mudó al extranjero, hubo una temporada en la que tuvo que recurrir a todo tipo de deportes extremos para gastar toda su energía y poder quedarse dormido.

Axel apoyó las manos en el volante y soltó una sonrisa amarga.

De repente, alguien tocó el cristal. Él salió de golpe de sus pensamientos y levantó la vista hacia afuera.

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