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El Karma de tu Traición romance Capítulo 3

Vera no comió nada de eso. Lo único a lo que le dio un mordisquito fue a la tarta de fresa que el restaurante servía como cortesía.

No tenía que cooperar para pagar, ni mucho menos tenía la obligación de deberle a Axel la cena con la que, tres años después, invitaba a su exnovia y a la cita de ella.-

Vera tomó su bolso y se despidió:

—Álvaro, tengo cosas que hacer, me voy.

Álvaro, que todavía no reaccionaba a lo que había dicho el mesero, vio que Vera se marchaba, así que agarró las llaves del coche rápidamente para alcanzarla. Al acordarse del hombre que había pagado la cuenta, se detuvo y volteó hacia atrás.

El sujeto también estaba observando hacia donde ellos iban.

Álvaro hizo un leve asentimiento en señal de agradecimiento y luego salió detrás de Vera.

Vera estaba intentando parar un taxi. De espaldas lucía delgada y hermosa, con una blusa sin mangas color gris humo, un listón a rayas atado en la cintura y una falda desteñida color azul grisáceo.

Llevaba el cabello recogido con una pinza, dejando que algunos mechones cayeran de forma suelta y natural.

Era una chica muy bonita y venía de una buena familia; era hija única, su padre ocupaba un cargo importante en la secretaría de urbanismo y su madre era profesora en una preparatoria de prestigio.

Vera todavía estaba joven, apenas tenía veintitrés años, y su currículum académico era impecable. Ese año se había graduado de la Universidad Central y entró directamente a trabajar al despacho de arquitectura y diseño de Solara gracias a los reclutamientos de la universidad.

La empresa de bienes raíces en la que trabajaba Álvaro era un cliente principal del lugar donde laboraba Vera.

Que los jefes los presentaran para armar parejitas dentro del mismo sector era una regla no escrita del negocio.

Al principio, cuando Álvaro vio su foto, pensó que una mujer tan hermosa no servía ni para novia ni para esposa. Sin embargo, al conocerla en persona, cambió de opinión.

Con esa carita, le perdonaba lo que fuera.

Incluso si se había portado fría y apenas le había dirigido la palabra en toda la noche, Álvaro consideraba que eso era un privilegio de las mujeres bellas.

Se acercó a ella y se ofreció:

—Ingeniera Rosales, déjame llevarte. ¿Por dónde vives?

Vera solo había aceptado esa cita a ciegas porque apenas iba entrando al trabajo, ni siquiera había pasado el periodo de prueba. Con la idea de no hacer enojar a sus jefes y ahorrarse problemas, había decidido no rechazarla.

Pero el asunto no pasaba de compartir una cena.

—Álvaro, me voy por mi cuenta.

Pero él lo hacía a propósito: le sujetaba el rostro para besarla y sabía exactamente dónde y cómo tocarla para desarmarla.

Vera era capaz de aguantar la terquedad toda la noche, y cuando ya no podía más, lloraba mientras le dejaba rasguños en la espalda.

Axel a veces pensaba que era un cabrón; entre más se ponía así Vera, más lo disfrutaba y menos podía separarse de ella.

En los tres años, cuatro meses y once días que llevaban separados, esos 1196 días y noches, sus vicios de fumar y tomar habían empeorado bastante, pero solo así conseguía un poco de paz mental.

Al recordar el rostro frío que le mostró Vera hace un momento, Axel sonrió con ironía.

Seguía estando preciosa, pero su carácter era peor, y lo terca y obstinada no se le había quitado ni un poco.

Y aún lo odiaba con todas sus fuerzas.

Hacía tres años, en Estados Unidos, cada cachetada que ella le había acomodado iba cargada de odio, resentimiento y arrepentimiento.

La mirada herida de Vera se había convertido en la pesadilla de la que Axel no podía escapar durante innumerables noches.

Se despertaba sobresaltado, con taquicardia, un dolor agudo en el pecho y sintiendo que se asfixiaba.

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