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El juguete del abogado romance Capítulo 212

Tras un mes en prisión provisional, Javier salió libre tras demostrarse mediante un contraperitaje psiquiátrico que había sufrido un trastorno mental transitorio por disociación reactiva.

Al carecer de antecedentes y probarse que su capacidad de discernimiento quedó anulada durante el ataque, el tribunal le otorgó una medida cautelar sustitutiva de libertad con régimen de presentación.

Enterarse de las cinco puñaladas que Javier le había asestado a aquel hombre en el cuello dejó a Estefanía en un estado de shock absoluto.

Sin embargo, en el fondo comprendía por qué Cristian le había ocultado esa parte de la historia en su momento: no quería atormentarla cuando ella ni siquiera había salido del hospital.

Ahora que la audiencia finalmente había concluido y el juez le otorgaba la libertad, había llegado la hora de llevar al muchacho a casa.

Pero había un gran obstáculo: Javier se negaba rotundamente a volver bajo su tutela.

Además, la realidad era que sus aspiraciones en la academia militar se habían esfumado para siempre.

Ninguna institución aceptaría a un recluta con un expediente por homicidio a cuestas y etiquetado oficialmente como psíquicamente inestable.

—¿Qué vas a hacer ahora?

La preocupación volvió a apoderarse de ella.

Si Javier no encauzaba su vida de inmediato, sabía muy bien que el final de esa historia no sería nada bueno.

—No lo sé, ya veré —respondió él con simpleza.

—Javier, debes estudiar, buscarte un futuro; no puedes simplemente dejar las cosas al azar —insistió ella.

Estefanía sabía bien que él necesitaba disciplina.

Aunque en un principio no le había gustado la idea de separarse de su hermano, en la academia podía tener la certeza de que no estaría en malos pasos.

Ahora, en cambio...

—¿Quién dice que no puede regresar? —intervino Cristian por primera vez en toda la cena, dejando los cubiertos de lado.

Estefanía clavo los ojos en él de inmediato.

—¿A qué te refieres?

—A que el marco legal y la legítima defensa de un tercero existen por algo —respondió, arqueando una ceja—. Salvar una vida interrumpiendo un delito no es una mancha criminal; para cualquier junta de evaluación con criterio, es un acto de valor que solo requiere el seguimiento psicológico correspondiente.

—¿En serio? —exclamó ella, sintiendo cómo un peso inmenso se le quitaba de encima—. ¿Puedes hacer que lo acepten de nuevo?

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