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El juguete del abogado romance Capítulo 210

Su declaración la dejó sin palabras. Cristian ya no ejercía como abogado; se comportaba como un maldito juez, dictando una sentencia definitiva sobre el destino de ambos.

Estefanía se apartó de él de inmediato. Lo miró con una mezcla de ira y desconcierto que le hizo hervir la sangre a una velocidad abrumadora.

En esa casa, ante los ojos de ese hombre, ella no era más que un adorno; un simple mueble sin voz ni voto.

—¿Cómo pudiste…? —siseó entre dientes apretados, apenas capaz de articular las palabras por la rabia—. Ni siquiera te molestaste en preguntarme. ¡¿Qué diablos te pasa, maldito tirano?!

El hombre, como si hubiera previsto su arrebato, se limitó a observarla con calma.

—Desde el principio quisiste tener un hijo y ya lo tienes. Somos la familia completa que tanto anhelabas —declaró con tono imperturbable—. Estuviste al borde de la muerte, Estefanía; no veo el menor sentido en volver a correr riesgos innecesarios.

Y sí, tenía razón. Incluso a ella le aterraba la sola idea de volver a enfrentarse a otro parto.

Pero de ahí a cerrarse por completo a la posibilidad de tener más bebés había un abismo.

No; ella no quería quedarse solo con uno.

Deseaba una familia grande, llena de vida. Quería más hijos. Muchos.

—¡No! No puedes tomar esta clase de decisiones y pretender que me quede en silencio aceptándolas sin más —reclamó ella, con la voz temblando de pura impotencia—. Yo deseo más hijos, Cristian. Muchos más. Quizá no ahora mismo, pero sí en el futuro... ¡Dentro de unos años!

—No habrá más —sentenció él de nuevo, y esta vez no hizo el menor esfuerzo por ocultar su faceta más autoritaria.

—¡¿Quién diablos te crees?!

Y es que justo ahora solo quería agarrarlo de los pelos.

Lo peor de todo no era que pretendiera imponerle sus decisiones unilaterales; lo peor era su maldito descaro.

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