Entrar Via

El juguete del abogado romance Capítulo 209

Decir que Cristian la había dejado agotada era quedarse corta. No podía mover ni un solo dedo; sin embargo, alguien parecía rotundamente decidido a despertarla.

Estefanía sintió un tirón torpe en su pelo que la obligó a arrugar el rostro sin abrir los ojos.

—Dejen dormir… —refunfuñó, hundiendo más la cabeza en la almohada.

Fue entonces cuando escuchó un balbuceo.

Al entreabrir un ojo con esfuerzo, se encontró con el hombre sentado a su lado en el borde de la cama, impecablemente vestido con su traje. Sostenía con cuidado al pequeño, acercándolo a ella mientras las diminutas manitas del bebé continuaban aferradas con fuerza a su cabello.

La imagen era indudablemente tierna.

—¿Lo estás usando para que me ataque? Qué malo eres… —se quejó, sujetando la sábana contra el pecho para cubrir su desnudez.

Cristian no se mostró arrepentido de sus actos, le entrego al niño mientras decía:

—Aprovéchalo. Se acabaron los tiempos en los que podías quedarte en la cama hasta el mediodía.

Ella recordó esos días en los que luego de tanto sexo solía dormirse hasta tarde.

Pero todo eso era pasado.

Ahora tenía a un hermoso bebé que atender.

—¡Hola, mi amor! —saludó, llenándole las mejillas de besos mientras el pequeño le regalaba una sonrisita.

Minutos después, Estefanía le devolvió el bebé a Cristian para poder levantarse. Se vistió con algo cómodo y fresco de estar en casa y salió al comedor.

Al acomodarse en la mesa, la niñera no tardo en entregarle el niño para que ella pudiera darle el biberón.

Le gustaba hacer este tipo de cosas y no quería dejar el trabajo en manos de otro.

Mientras tanto, en la cabecera de la mesa, Cristian disfrutaba de su café con esa elegancia imperturbable que lo caracterizaba, revisando algunos pendientes antes de irse a trabajar.

Todo reflejaba armonía y calidez.

La viva estampa de una familia feliz.

Sin embargo, para su absoluta sorpresa, el timbre sonó en ese momento, haciéndola arrugar el ceño.

Sonya se apresuro desde la cocina.

—Yo voy.

Y mientras la empleada desaparecía en el vestíbulo para atender a quienquiera que fuese, Estefanía notó que Cristian ni siquiera se inmutó; continuó con la vista fija en sus asuntos.

—¿Esperas a alguien? —decidió preguntarle.

Su pregunta coincidió justo con el regreso de Sonya, quien volvía sosteniendo una caja misteriosa entre las manos.

La depositó suavemente sobre la mesa frente a ella, justo cuando la voz del hombre se escuchó desde el otro extremo:

—Tómatela.

Un simple vistazo le bastó para darse cuenta del contenido: era un anticonceptivo de emergencia.

Vaya que era precavido.

Una vez que el bebé terminó el biberón, la niñera volvió a tomarlo para sacarle los gasecitos.

Estefanía destapó el empaque y se tomó la pastilla de un solo trago, acompañándola con su vaso de jugo.

Durante todo el proceso, Cristian no le quitó la mirada de encima, como si necesitara cerciorarse de que verdaderamente se la había tomado.

No había manera de que una mujer se embarazara de ese hombre sin su permiso. Era un maniático del control.

Sujetando el tenedor, pinchó un trozo de fruta mientras le lanzaba la pregunta:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El juguete del abogado