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El juguete del abogado romance Capítulo 186

Durante las tres semanas siguientes, la casa se convirtió en una puta caldera a punto de reventar.

Estefanía vivía en un trance, ahogada en un deseo voraz, con las hormonas revueltas y una necesidad enfermiza de tener a Cristian encima, follándola hasta dejarla hecha un desastre.

Las noches dejaron de ser tranquilas y se volvieron un ritual de puro desenfreno.

Cristian aparecía al caer la tarde, tirando el traje al suelo y despojándose de esa máscara de abogado impasible.

No había espacio para palabras bonitas ni caricias suaves.

El sexo entre ellos seguía siendo salvaje, sucio y visceral.

La tomaba contra el cabezal de la cama, sobre el sillón del ventanal o al borde del colchón, sujetándole las piernas abiertas, clavándole los dedos en la carne y dejándola destrozada, con el vientre abultado rebotando al ritmo de cada embestida y el cuerpo entero temblando bajo orgasmos violentos que la hacían chorrear y gritar.

Aun así, consciente del riesgo y del cansancio que ya se le notaba en el cuerpo, Cristian intentaba frenar.

Había días en que no la visitaba y ponía excusas como “reuniones nocturnas de trabajo”, buscando darle un respiro a ella… y a su propio autocontrol que se le escapaba entre los dedos.

Pero ella no lo toleraba.

Su ausencia la ponía como una fiera, ansiosa, incapaz de pegar un ojo.

En esas noches de soledad, Estefanía agarraba el teléfono a altas horas de la madrugada y lo llamaba sin parar hasta que él contestaba con la voz ronca, pesada de cansancio.

—No voy a ir hoy, Estefanía. Duérmete —sentenciaba él al otro lado de la línea.

—No me da la puta gana —replicaba ella, metiéndose ya la mano entre las piernas empapadas, frotándose el coño despacio mientras lo escuchaba. Su voz también era un buen detonante—. Háblame más y dime si me has extrañado... Yo me estoy tocando pensando en ti.

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