Apenas soltó aquellas palabras, Estefanía se arrepintió con cada fibra de su ser. Quiso colgar, soltar el teléfono y huir a refugiarse dentro de la casa. Esconderse en la oscuridad y no volver a dar la cara jamás.
Estaba considerando esto muy seriamente cuando la respuesta del hombre la dejó paralizada:
—¿Gustarme? Lo que siento por ti va mucho más allá de un simple gusto —declaro él al otro lado de la línea con una seguridad que traspaso la distancia—. Estás llevando una vida dentro de ti, claro que te ves hermosa, Estefania.
Sus manos comenzaron a temblar de forma inexplicable. Su corazón sufrió un salto violento… ¿Esto…? Ella no supo qué decir durante varios segundos; incluso sintió que había perdido la capacidad de pronunciar palabras.
—No vuelvas a pensar así de ti misma jamás —agregó él con absoluta seguridad—. No tienes ni idea de lo perfecta que te ves para mí.
Quedo completamente conmocionada, sin saber como procesar semejante nivel de devoción.
Lo único que Estefania alcanzo a hacer fue soltar una risa torpe, agudizada por los nervios, que resonó en todo el jardín.
—Vaya… —dijo entre bocanadas de aire, intentando bromear—. Debes tener algún tipo de fetiche con las mujeres embarazadas. Creo… creo que lo mejor es colgar.
—Espera —la detuvo él, sin prestar atención a su comentario con doble sentido—. Cuéntame exactamente qué es lo que te tiene así.
Estefanía recordó la verdadera razón detrás de todo su colapso y dejó salir un suspiro frágil, casi inaudible.
—Si te cuento algo… ¿me prometes que no te vas a reír de mí?
—Jamás me reiría de ti —aseguró él.
—Bueno… —suspiró de nuevo, mientras la imagen de la fotografía y el nuevo romance de Cristian volvían a atormentarla—. Es que mi exesposo… ya se consiguió a otra.
El silencio que siguió fue tenso. Sin embargo, ella decidió soltárselo todo a ese extraño que, muy probablemente, la juzgaría por no haber superado a su expareja.
—No es que no tenga derecho… De hecho, claro que lo tiene; era obvio que reharía su vida. Pero no sé por qué me duele tanto. Yo… estoy aquí, esperando a su hijo, mientras él seguro no se ha acordado de mí ni una sola vez y ya se está acostando con otra. Es muy bonita. Delgada, joven… No una bola como yo. Mis pies se están hinchando demasiado; debería sentarme justo ahora…

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