Entrar Via

El juguete del abogado romance Capítulo 174

«Esto era lo que querías…», se reprochó Estefania a sí misma sin cesar.

Dejarlo solo siempre había significado que él pudiera conseguirse a alguien más. La posibilidad estaba servida.

En su momento estaba convencida de que jamás retrocedería… de que no se arrepentiría de la separación.

Pero ahora… ¿por qué dolía tanto?

Esa tarde no pudo evitar quedarse frente al espejo, observándose con los ojos anegados en lágrimas. La imagen que le devolvía el reflejo le provocó una punzada en el corazón. Su cuerpo ya no era el mismo de antes. Donde alguna vez hubo un abdomen firme y estilizado, ahora resaltaba un vientre abultado e hinchado.

Se sintió indeseable, poco atractiva.

En cambio, aquella chica… Estefania la recordó con detalle. Seguramente no pesaba más de cincuenta y cinco kilos y, evidentemente, no tenía los pies hinchados ni la cara tan redondeada por la acumulación de líquidos como la suya. Su cintura era diminuta y su vientre seguía plano.

De la nada, unos golpes suaves en la puerta interrumpieron el torbellino de su mente.

Sonya entró a la habitación sosteniendo una pequeña bandeja con aceites y cremas para la piel.

—Señora, acuéstese para hacerle los masajes drenantes —le pidió con evidente preocupación—. De lo contrario, los pies y las piernas se le van a seguir hinchando más.

—Esos masajes no sirven para nada, Sonya —reprochó repentinamente alterada, sin poder contenerse—. ¡No sirven! Cada día estoy más gorda, más deforme… ¡¿Acaso no lo ves?!

Rompió a llorar de forma inexplicable, cubriéndose el rostro con las manos mientras los sollozos le sacudían los hombros.

La empleada se quedó paralizada unos instantes hasta que poco a poco se acercó y la tomó suavemente de los hombros para guiarla a sentarse en el borde de la cama.

—Señora, quizás usted no lo nota, pero créame que sí ayuda mucho —la consoló con paciencia—. Solo necesita descansar más. Ahora que terminó el semestre y ya no tiene que caminar tanto de un lado a otro, verá cómo se le van desinflamando. Pero por favor, venga... acuéstese un momento y déjeme hacerle el masaje.

Estefanía sintió sus energías reducidas a cero, así que no tuvo fuerzas para seguir resistiéndose. Se dejó acomodar sobre las sábanas, sorbiendo por la nariz mientras Sonya le colocaba una almohada debajo de los tobillos para mantenerle los pies en alto.

Luego simplemente se quedó dormida en medio de los masajes.

Sonya la observó en silencio por unos instantes. Sus ojos estaban llenos de compasión y cariño hacia la joven que se mostraba tan vulnerable.

Con cuidado, la arropó despacio para no despertarla, recogió sus cosas y salió al pasillo. Una vez cerró la puerta tras de sí, sacó el teléfono de su bolsillo y marco un número.

Al segundo tono, la voz de Cristian resonó al otro lado de la línea.

—Habla, Sonya. ¿Ocurrió algo? —preguntó sin preámbulos.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El juguete del abogado