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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 3

Fabio ya se había ido.

Vanesa sabía que él no probaría ni una cucharada de la sopa.-

El gran señor no comía sobras recalentadas, mucho menos algo preparado desde temprano.

Tiró el contenido, limpió la cocina a la perfección y, en medio del silencio, regresó a la habitación.

En un descuido, se había quemado la mano con la olla caliente, y una pequeña ampolla le adornaba la piel.

Por supuesto, Fabio ni siquiera lo notó, manteniendo su habitual frialdad.

Cuando vio a Vanesa entrar, perdió por completo el interés; se dio la vuelta, apagó la luz y se dispuso a dormir.

Vanesa sintió que el corazón se le encogía de dolor.

Aunque creía estar anestesiada frente a la indiferencia de Fabio y sabía que no podía ablandar su corazón de piedra, todavía le dolía.

Un dolor tan profundo que le asfixiaba el alma.

Pasaron horas y Vanesa no lograba pegar el ojo.

A la una de la madrugada.

El celular de Fabio vibró en el momento más inoportuno.

Al segundo siguiente, Vanesa lo escuchó contestar, con el ceño fruncido y voz nerviosa, dijo: —¿Qué? Está bien, voy para allá.

Al ver que Fabio se ponía el saco a toda prisa y estaba a punto de salir, Vanesa no pudo evitar preguntar: —Fabio, ¿vas a salir a esta hora?

—Vanesa, no te metas en mis asuntos, ¿te queda claro? —le advirtió en voz baja y cortante.

La puerta se cerró con un portazo y él desapareció en la oscuridad.

Vanesa se quedó rígida en la cama. Las lágrimas que llevaba conteniendo tanto tiempo, por fin, se desbordaron como un río sin control.

Y ahora, para colmo, había encontrado la prueba de embarazo de Giselle en el bolsillo de su marido.

Vanesa bajó la mirada, hundiéndose en un silencio aterrador.

Hace cinco años, ella había estado embarazada.

Se había ilusionado, pensando que con un hijo la actitud de Fabio hacia ella cambiaría por fin.

Pero la tragedia la golpeó cuando menos lo esperaba.

El día que Fabio regresó de un viaje de negocios, la arrastró bruscamente hacia la habitación y la tiró sobre la cama.

Había bebido demasiado, estaba fuera de sí y su fuerza era abrumadora.

Sin importar cuánto le rogó Vanesa entre lágrimas, él no se detuvo hasta saciar su deseo.

Él jamás respondió.

En cambio, todos los canales de televisión transmitían imágenes de Fabio acompañando a Giselle a cada paso.

Y desde esa ocasión, Fabio se volvió extremadamente cuidadoso, negándole cualquier posibilidad de volver a embarazarse.

La pura verdad era que Fabio no quería tener hijos con ella.

Ese golpe de realidad cayó sobre Vanesa como un balde de agua helada, congelándole el alma.

Siete años de matrimonio, años de entrega absoluta, solo le habían dejado claro que el corazón de Fabio estaba hecho de hielo.

Y que su amor había sido una cruel fantasía.

Vanesa quiso llorar, pero las lágrimas se le atoraron en la garganta.

De pronto, su celular vibró. Era una llamada de Dante Salazar.

Dante era un genio de la inteligencia artificial, igual que ella.

Su voz resonó al otro lado de la línea: —Vane, ¿en serio no piensas regresar al equipo? Te necesitamos, eres la única capaz de manejar la tecnología principal.

Vanesa apretó el teléfono con fuerza, clavándose las uñas en las palmas de las manos.

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