Cuando la empleada llegó en la mañana, no le sorprendió verla despierta; asumió que simplemente no había dormido en toda la noche.
Vanesa tampoco se molestó en darle explicaciones.
El electricista llegó al mismo tiempo.
En poco tiempo, el sistema eléctrico del departamento volvió a la normalidad.
Vanesa soltó un suspiro de alivio, pero por alguna razón seguía sintiendo un nudo de tensión en el pecho.
Durante los dos o tres días siguientes a la reparación eléctrica, Vanesa y Fabio no cruzaron palabra.
Ella casi no salía, pero bastaba con asomarse por el ventanal para ver a Fabio y a Silvia entrar y salir juntos.
En esos días, su insomnio regresó al mismo estado deplorable del principio.
Seguía sin poder pegar el ojo.
¿De verdad solo podía dormir si él estaba presente?
Ese pensamiento la mantenía aún más estresada.
Durante esos días, Paz y Vanesa estuvieron hablando por chat constantemente.
Aunque la niña no había ido a visitarla, le contaba todos los días, con gran entusiasmo, anécdotas de la escuela.
Al escuchar los mensajes de voz y notar lo animada que estaba...
Vanesa casi podía visualizar sus divertidas expresiones faciales.
No pudo evitar sonreír levemente.
Eso era prueba de que Fabio la estaba criando muy bien.
Mucho mejor de lo que ella podría hacerlo.
Tal como había dicho Clarissa en un principio: su situación actual no era la adecuada para criar a una niña.
Su inestabilidad emocional era un riesgo.
Al pensarlo, Vanesa se entristeció.
Recordó lo que Fabio le había dicho: Paz la extrañaba mucho.
Vanesa sintió que estaba siendo una madre cruel e irresponsable.
Al final, no pudo resistirse y le envió un mensaje a su hija.
Vanesa: «Paz, ¿qué te parece si paso por ti mañana y vamos a cenar juntas?»
Estaba bastante nerviosa cuando lo envió.
Pero la respuesta llegó al instante.
Paz: «¡Sí! ¿A dónde vamos? Yo voy a buscarte.»
Vanesa se quedó congelada al leer eso.

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