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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 93

Davinna levantó la mirada cuando Sicario se acercó a ella.

—Ni se te ocurra mirarme con esa cara.

Sicario acercó una mano hacia ella.

Davinna suspiró y permitió que tocara sus dedos.

—Estoy bien.

No sabía por qué sentía la necesidad de mentirle a un mono.

Quizá porque Sicario era lo único que Matthias había dejado con ella.

Gemma apareció poco después del mediodía cargando una bolsa con comida.

Davinna supo inmediatamente por qué estaba allí.

—No necesitabas venir.

Gemma dejó la bolsa sobre una mesa y comenzó a sacar los recipientes. Chiara le había llamado porque iría a entregar unos pedidos importantes y no quería dejar sola a Davinna.

—Lo sé —respondió la chica.

Davinna la observó. Aquello consiguió que la apreciara todavía más.

—Gracias.

Gemma sonrió y siguió organizando la comida sin hacer preguntas.

Comieron en la parte trasera de La Dolce Vite mientras Sicario esperaba descaradamente que alguna de las dos dejara algo a su alcance. La conversación se mantuvo alejada de Matthias, de Bianca y de cualquier boda. Hablaron de la pastelería, del bebé y de algunas cosas que Davinna todavía necesitaba comprar. Fue precisamente entonces cuando Gemma mencionó que una de las habitaciones cercanas a la suya podía convertirse fácilmente en la habitación del niño.

La idea consiguió despertar inmediatamente su interés.

—¿Está vacía?

Gemma asintió.

—Prácticamente. Hay algunos muebles, pero pueden retirarse.

Davinna comenzó a imaginarla.

—Quiero verla cuando regresemos.

Por primera vez durante todo el día sintió verdadero entusiasmo.

No podía controlar con quién se casaba Matthias.

Tampoco podía cambiar el mundo al que pertenecía.

Pero sí podía decidir cómo recibiría a su hijo.

Regresaron a la residencia poco después de las cuatro.

Davinna pasó casi una hora en la habitación que Gemma le había mencionado, tomando medidas y revisando catálogos desde una tableta. Sicario se instaló junto a ella y comenzó a pasar páginas con los dedos de una forma tan torpe que terminó seleccionando una cuna cubierta de detalles dorados.

Davinna miró el precio recordando que sin importar que fuera una Allen, ella jamás despilfarró dinero, no porque no quisiera hacerlo. Simplemente jamás tuvo oportunidad de hacerlo.

A ella jamás le dieron tanto como a Donatella. Si su padre le compraba joyas y ropa costosa. Era únicamente para que no la vieran como a una vagabunda. Y no causara mala impresión en la familia.

Soltó el aire que estaba conteniendo.

Con lo de su pastelería por supuesto que podía comprar una cuna descente. Pero su hijo también era hijo de Matthias y el capo no escatimaría en gastos.

Eligió una cuna hermosa y un sillón cómodo donde pudiera alimentarlo durante la noche. También decidió que no quería llenar la habitación antes de tiempo. Prefería ir comprando las cosas poco a poco y disfrutar del proceso.

Era su hijo.

Su familia.

Podía construir algo hermoso aunque las circunstancias hubieran comenzado de la forma más absurda posible.

El pensamiento consiguió tranquilizarla.

Hasta que miró accidentalmente la hora. Eran las seis y diecisiete.

Su estómago se contrajo. No sabía a qué hora comenzaba la ceremonia.

Ni siquiera debería importarle. Pero sabía que probablemente ya estaba cerca.

Davinna bloqueó la pantalla.

—Creo que es suficiente por hoy.

Gemma la observó con atención.

—Podemos continuar mañana.

—Sí.

Davinna se levantó.

Sicario hizo lo mismo.

Caminaron hacia la puerta, pero antes de salir Davinna volvió a mirar la habitación vacía.

Aquello era lo que importaba.

Su hijo.

Cuando bajó para cenar, ya pasaban de las ocho.

Davinna descubrió muy pronto que no tenía sueño. Se había acostado, había cambiado de posición varias veces, incluso había intentado leer durante unos minutos y terminó aceptando que sería inútil permanecer allí mirando el techo. Lo más curioso era que durante toda la tarde había pensado que probablemente tampoco tendría hambre y, sin embargo, en cuanto puso un pie fuera de la habitación, su estómago decidió recordarle con bastante insistencia que llevaba horas sin comer.

Sicario apareció detrás de ella antes de que llegara al último escalón.

—No sé de dónde saliste, pero espero que ya hayas cenado —le dijo mientras continuaba caminando.

El mono la siguió.

Davinna entró en el comedor y descubrió que habían dejado preparada bastante comida. Había pasta, carne, verduras, pan recién cortado y varias cosas más que probablemente habrían sido suficientes para alimentar a tres personas. Durante unos segundos contempló todo aquello preguntándose cómo podía haber pasado de no tener apetito a sentir que sería capaz de terminar con la mitad de la mesa.

—Esto tiene que ser culpa tuya —murmuró mientras apoyaba una mano sobre su vientre—. Porque yo no comía así.

Sicario trepó inmediatamente a una silla.

Davinna lo señaló.

—También tienes hambre. Tconozco.

Davinna tomó un plato y comenzó a servirse.

Primero pasta, después un poco de carne y verduras. Dudó antes de agregar un trozo de pan y finalmente tomó dos.

Se quedó mirando su plato.

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