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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 94

Tres días antes

Devora esperó hasta quedarse sola para hacer la llamada.

No necesitaba demasiadas explicaciones. Llevaba días pensando en aquello, descartando posibilidades y buscando una forma de apartar a Bianca sin que la muerte de la muchacha pudiera conducir hasta ella. Matar a la hija de Salvatore Vitale no era lo mismo que eliminar a cualquier mujer que se hubiera cruzado en su camino. Una muerte demasiado evidente provocaría preguntas, investigaciones y, sobre todo, la atención de Matthias. Devora conocía a su cuñado suficientemente bien para saber que él no aceptaría un accidente simplemente porque pareciera un accidente. Buscaría debajo de cada piedra hasta encontrar algo que tuviera sentido. Por eso necesitaba que, cuando comenzara a buscar, todas las respuestas señalaran hacia otro lado.

—Quiero que sea el automóvil que utilizará Bianca —dijo en cuanto escuchó la voz al otro lado de la línea.

Caminó lentamente mientras esperaba la confirmación. No mencionó la boda. Tampoco necesitaba hacerlo. La persona con quien hablaba ya conocía los movimientos que debía vigilar y había recibido suficiente dinero para no hacer preguntas innecesarias.

—No me interesa quién conduzca ni quién vaya con ella. El objetivo es Bianca —continuó después de escuchar la respuesta, deteniéndose junto a una mesa—. Y quiero que parezca exactamente lo que cualquiera esperaría cuando dos familias como los Vitale y los Angelini están a punto de unirse.

La respuesta que recibió consiguió que sus labios se curvaran apenas. No necesitaba conocer todos los detalles técnicos y tampoco quería hacerlo.

Cuanto menos supiera sobre ciertas partes, menos tendría que ocultar después.

—No quiero errores —advirtió mientras bajaba la voz—. Y mucho menos quiero que alguien pueda relacionarlo conmigo.

Escuchó durante algunos segundos antes de finalizar la llamada. Permaneció inmóvil con el teléfono entre los dedos, repasando mentalmente lo que acababa de poner en marcha. Bianca tenía dos semanas para disfrutar de su compromiso. Podía elegir vestidos, organizar invitados, imaginar cómo sería ocupar el lugar que jamás le correspondería y pasearse delante de todos mostrando el anillo que Matthias había colocado en su dedo.

Al altar no llegaría.

Devora guardó el teléfono.

No sentía culpa.

Había aprendido demasiado pronto que dentro de aquella familia nadie conservaba un lugar simplemente porque lo deseara. Los lugares se defendían. Ella había sido la esposa de Leonel, había llevado el apellido Angelini durante tres años y había ocupado una posición que se negó a abandonar incluso después de quedar viuda. No iba a convertirse en una figura secundaria mientras Bianca Vitale llegaba a aquella casa creyendo que un anillo le daba derecho sobre todo.

Mucho menos sobre Matthias.

La puerta se abrió poco después y Devora levantó la mirada.

Bianca entró sin esperar una invitación. Llevaba varios papeles entre las manos y una expresión de fastidio que Devora reconoció inmediatamente.

Durante los últimos días había tenido que soportar reuniones con ella por orden de Matthias.

Protocolos, invitados, familias, lugares que debían respetarse durante la ceremonia y un montón de decisiones que Devora habría preferido no conocer.

Había sonreído durante cada una de ellas.

—Necesito preguntarte algo —dijo Bianca mientras dejaba los papeles sobre la mesa.

Devora mantuvo una expresión tranquila.

—Espero que no sea sobre la distribución de los invitados otra vez. Ya te dije que puedes cambiarla si quieres, siempre que no sientes juntas a familias que llevan veinte años intentando matarse.

Bianca sonrió brevemente, pero no parecía haber ido por aquello. Se sentó y cruzó una pierna sobre la otra mientras observaba a Devora durante unos segundos, como si estuviera decidiendo de qué manera formular la pregunta.

—Quiero saber dónde está Davinna Allen.

Devora consiguió no reaccionar.

Aquello sí era interesante.

—¿Por qué me preguntas a mí?

Bianca se tomó unos segundos antes de responder.

—Porque Matthias me habló de ella.

Devora estuvo a punto de reír.

No lo hizo.

Conocía demasiado bien a Matthias para creer semejante mentira. El mismo hombre que le había ordenado expresamente no volver a preguntar dónde estaba Davinna y había dejado claro que nadie debía conocer su ubicación, mucho menos los Vitale, no iba a sentarse con Bianca para hablarle de ella.

Pero Devora no tenía ninguna intención de desenmascararla.

Al contrario.

Acababa de recibir una oportunidad que no había esperado.

—Entonces supongo que ya sabes lo suficiente —respondió mientras se acomodaba tranquilamente.

Bianca achicó los ojos.

—Sé que tuvieron algo.

Devora esperó.

—Matthias me dijo que eso terminó —agregó Bianca después de una pequeña pausa—. No tengo ningún problema con lo que hiciera antes de nuestro compromiso, pero si voy a convertirme en su esposa, quiero saber qué cosas pueden aparecer después.

Devora tuvo que reconocer que la mentira estaba mejorando.

—Tiene sentido.

Bianca pareció relajarse un poco.

—Entonces dime dónde está.

Devora negó.

—No lo sé.

La respuesta era completamente cierta.

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