Matthias llegó a su residencia con tiempo suficiente para ducharse y cambiarse.
No necesitó demasiado. Un traje oscuro, camisa blanca y los gemelos que llevaba en las ocasiones donde el apellido Angelini debía estar representado como correspondía. Mientras terminaba de ajustar el reloj, Francesco entró después de cambiarse también y dejó el teléfono sobre una mesa.
—Hay más de ciento veinte invitados confirmados.
Matthias continuó acomodándose el puño de la camisa.
—¿Algún problema?
—Ninguno hasta ahora. Los Vitale reforzaron su seguridad y nuestros hombres ya revisaron accesos. Llegaron representantes de Palermo, Catania y varias familias de Calabria. También habrá empresarios y políticos.
Matthias levantó la mirada.
Aquello no era una fiesta.
Era una declaración.
Cuando dos familias como los Angelini y los Vitale anunciaban una unión, nadie importante quería enterarse al día siguiente.
—¿Salvatore?
—Ya está allí.
Matthias tomó el saco.
—Entonces vamos.
Francesco lo observó durante un instante.
Horas antes había visto a ese mismo hombre ordenar que arrojaran a alguien sobre serpientes venenosas sin modificar el tono de voz. Ahora iba a comprometerse frente a buena parte de las personas más poderosas de Sicilia.
No había nervios.
No había emoción visible.
Solo Matthias Angelini haciendo exactamente lo que había decidido hacer.
Cuando llegaron, la mayoría de los invitados ya se encontraba reunida.
Matthias no necesitó anunciarse.
Las conversaciones fueron disminuyendo conforme avanzaba junto a Francesco. Algunos hombres se acercaron a estrecharle la mano. Otros simplemente inclinaron la cabeza desde cierta distancia. Había hombres que llevaban décadas dentro de la organización, jefes de familias que controlaban territorios, empresarios que jamás admitirían públicamente con quién hacían negocios y políticos que al día siguiente fingirían no conocer a la mitad de las personas presentes.
Matthias saludó a cada uno de los que debía saludar.
No se detuvo más de lo necesario. Aquella noche no era solamente su compromiso con Bianca. Era la confirmación pública de que dos apellidos quedaban unidos.
Salvatore apareció pocos minutos después.
—Angelini.
Matthias estrechó su mano.
—Vitale.
Salvatore lo acercó brevemente antes de soltarlo y observó alrededor con satisfacción.
—Media Sicilia quería estar aquí.
Matthias tomó una copa de una bandeja que pasó cerca, aunque no bebió.
—La otra mitad hablará de ello mañana.
Salvatore rio.
—Por eso me agradas.
Matthias no respondió.
Fue entonces cuando Bianca apareció.
Llevaba un vestido elegido para aquella ocasión y caminaba con la seguridad de alguien que llevaba toda la vida preparándose para ocupar lugares importantes. Sonreía mientras saludaba a algunas personas y parecía disfrutar de la atención que recibía.
Cuando encontró a Matthias, su sonrisa aumentó.
Se acercó directamente a él.
—Pensé que me harías esperar.
Matthias extendió una mano.
—Llegué a la hora acordada.
Bianca colocó la suya sobre la de él.
—Exactamente a la hora acordada. Muy romántico.
Matthias esbozó apenas una sonrisa.
—Tendrás que acostumbrarte.
Bianca soltó una pequeña risa y se colocó a su lado.
Desde el otro extremo del salón, Devora los observaba.
Había sabido que ocurriría.
Lo había escuchado de Matthias. Había visto los preparativos. Incluso había ayudado a Bianca con algunas decisiones porque él mismo se lo pidió.
Nada de aquello la preparó para verlos juntos.

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