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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 89

Devora no había dormido demasiado aquella noche.

Cuando abrió los ojos, la penumbra de la habitación aún olía al sudor de ambos, a perfume costoso y al rastro inconfundible del sexo instintivo que habían compartido de madrugada. Salvatore Vitale ya estaba despierto. Permanecía sentado al borde de la cama, completamente desnudo de la cintura para abajo, con la camisa blanca puesta pero totalmente desabrochada, dejando al descubierto su pecho ancho y canoso. Revisaba varios mensajes en su teléfono como si haberla poseído con tanta ferocidad unas horas antes no cambiara absolutamente nada de lo que ocurriría dentro de dos noches.

Devora se incorporó despacio, dejando que la sábana de seda se deslizara lentamente por su cuerpo hasta quedar acumulada en su cadera.

Estaba completamente desnuda.

El aire frío de la habitación le erizó la piel de inmediato. Sus pechos quedaron expuestos a la luz tenue. Los pezones, aún sensibles por los mordiscos y la boca de Salvatore durante la noche, se endurecieron al instante.

Salvatore desvió la mirada de la pantalla, sintiendo el movimiento en la cama. Sus ojos oscuros, cargados de una evaluación fría y puramente masculina, recorrieron la anatomía descubierta de Devora con una lentitud descarada. Se detuvo en la curva redonda de sus senos, bajó por el vientre y se demoró en la sombra entre sus muslos antes de volver a fijar la vista en sus ojos.

A Devora no le importó en absoluto su escrutinio. No hizo el menor intento por cubrirse; conocía el poder que su cuerpo ejercía sobre él y lo utilizaba sin remordimientos.

Entre ellos no existían promesas ni explicaciones que dar. Aquello había comenzado mucho antes de que Matthias decidiera comprometerse con Bianca y ambos conocían suficientemente bien las reglas para no convertirlo en algo que no era.

—¿Qué demonios estás tramando, Salvatore? —preguntó finalmente, apoyando los codos sobre sus rodillas dobladas, provocando que sus pechos se juntaran de forma provocativa frente a él.

El hombre dejó el teléfono sobre el colchón. Su mirada volvió a descender de forma inevitable hacia el escote natural que ella le ofrecía, disfrutando del espectáculo sin el menor disimulo.

—Tendrás que ser más específica —respondió él, extendiendo una mano grande para rozar con la yema de sus dedos la piel tibia del muslo desnudo de Devora, subiendo peligrosamente cerca de su ingle.

Devora soportó la caricia posesiva sin apartarse, sosteniendo su mirada con frialdad. Había intentado no preguntar desde que Matthias pronunció el nombre de Bianca, pero el compromiso estaba demasiado cerca y necesitaba comprender qué pretendía aquel hombre entregándole su hija precisamente a su cuñado.

—No te hagas el imbécil conmigo —dijo ella, retirando la pierna para ponerse de pie.

Al levantarse de la cama completamente desprovista de ropa, su figura se recortó ante Salvatore en toda su esplendorosa desnudez. Caminó despacio hacia el sillón donde había dejado su lencería de encaje negro, sabiendo perfectamente que la mirada de Vitale devoraba el vaivén de sus nalgas y la curva de su espalda.

—Vas a casar a Bianca con Matthias —soltó, tomándose su tiempo para deslizar el sostén por sus brazos y acomodar las copas de encaje sobre sus pechos, levantándolos antes de abrocharlo a la espalda.

Salvatore la observó desde la cama, apoyando los brazos sobre sus muslos.

—Pensé que te daría gusto.

Devora frunció el ceño mientras se ponía las bragas de encaje a juego, subiéndolas lentamente por sus piernas contorneadas.

—¿Por qué tendría que darme gusto?

Una sonrisa apareció lentamente en la boca de Salvatore. Había pocas personas capaces de conocer a Devora lo suficiente para detectar sus contradicciones y él era una de ellas.

—Porque llevas años quejándote de que Matthias no ocupa el lugar que debería ocupar un hombre en tu vida.

Devora endureció la expresión mientras se pasaba el vestido por la cabeza.

—No mezcles una cosa con la otra.

—Las mezclaste tú hace mucho tiempo —replicó él, levantándose finalmente de la cama y dejando ver su anatomía ruda mientras se ajustaba el pantalón.

Ella terminó de arreglarse el cabello frente al espejo.

Salvatore la siguió con los ojos mientras caminaba unos pasos. No parecía particularmente preocupado por su enojo.

—Si hubieras querido otra vida, ya la tendrías —continuó—. Incluso podrías ser la señora Vitale desde hace años.

Devora se detuvo.

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