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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 84

El coche se detuvo frente a la residencia y Bianca guardó el teléfono dentro de su bolso antes de mirar por la ventanilla. Durante el trayecto había fingido mucho más interés del que realmente sentía por conocer la casa. Por supuesto que quería verla. Si todo salía como su padre esperaba, dentro de poco viviría allí y tendría tiempo de sobra para cambiar cualquier cosa que no fuera de su gusto. Sin embargo, esa no era la verdadera razón por la que había aceptado de inmediato acompañar a Matthias aquella misma tarde.

Quería encontrar a Davinna Allen.

Su padre sí le había hablado de ella. Salvatore había dicho que durante la fiesta de los Rinaldi había aparecido acompañado por una mujer y que la atención que le dedicó no había pasado desapercibida. También le explicó que él había preguntado por ella durante la negociación. Matthias había asegurado que solo había sido un polvo de tantos, y que aquello había terminado.

Bianca no tenía ninguna razón para sentirse amenazada por una mujer así.

Al menos eso se repetía.

No le preocupaba que Matthias hubiese tenido mujeres antes de ella. Sería ridículo esperar otra cosa de un hombre de su edad y posición. Lo que no estaba dispuesta a tolerar era que alguna de aquellas mujeres creyera que podía continuar ocupando su cama después del matrimonio. Mucho menos una que hubiera tenido el descaro de presentarse del brazo de Matthias en un evento donde todos podían verla.

Si la puta de Matthias seguía instalada en su casa, quería saberlo antes de aquel compromiso.

Y si resultaba ser algo más que una aventura terminada, Salvatore se encargaría de ella. Su padre había sido bastante claro al respecto. No permitiría que ninguna amante pusiera en ridículo a su hija después de convertirla en una Angelini.

Bianca no necesitaba ensuciarse las manos cuando tenía un padre dispuesto a hacerlo por ella.

Matthias descendió del vehículo y Bianca aceptó la mano que él le ofreció al bajar. Sonrió mientras caminaba a su lado hacia la entrada. Había aprendido desde pequeña que conseguir información era mucho más sencillo cuando nadie sospechaba que se estaba buscando. Sin embargo, Matthias esbozó una sonrisa. El capo ya había previsto esa situación y sabía que la mujer que tan campante lo acompañaba, estaba ahí con el solo objetivo de hurgar en el espacio.

—Tengo curiosidad por ver cómo vive Matthias Angelini cuando nadie está mirando —comentó mientras entrelazaba durante unos segundos los dedos con los suyos.

Matthias miró brevemente sus manos antes de dejar que el contacto terminara con naturalidad. Bianca parecía bastante interesada en la propiedad desde que mencionó dónde vivirían, aino hubiese crecido desconfiando de todos, le habría creido aquella sonrisa falsa.

—Probablemente te decepciones.

Bianca soltó una pequeña risa y continuó a su lado. Lo dudaba. Lo único que podría decepcionarla era encontrar unos zapatos femeninos en la entrada que no pertenecieran al servicio.

—Entonces tendré que solucionarlo cuando viva aquí.

Matthias abrió la puerta y le permitió entrar primero. No tenía inconveniente en que Bianca husmeara en el mas profundo de los rincones.

Bianca comenzó a recorrerla junto a él mientras hacía preguntas que en realidad le importaban una m****a. Preguntó por el comedor, por las habitaciones de invitados y por el jardín. Cada vez que pasaban junto a una puerta abierta, sus ojos se desviaban discretamente hacia el interior.

Nada.

Ningún bolso.

Ningún abrigo.

Ninguna señal evidente de otra mujer.

—¿Vives solo? —preguntó finalmente mientras continuaba caminando.

Matthias la miró de reojo. La forma en que Bianca había estado observando la casa hizo que prestara mayor atención.

—No.

Bianca sintió una pequeña satisfacción.

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