Salvatore negó con la cabeza y observó a su hija. Había decidido muchas cosas aquella mañana, pero no pensaba anunciarle un compromiso como si ella no tuviera voz.
—Llegas en el momento adecuado.
Bianca se detuvo frente a Matthias y le ofreció la mano con una sonrisa. No podía negar que la elección de su padre la complacía. Siempre había sabido que terminaría casándose con alguien conveniente para los Vitale y, dentro de las posibilidades que había imaginado durante años, Matthias Angelini estaba lejos de ser una mala elección.
—Matthias.
Él tomó su mano y respondió al saludo con la misma corrección. Si aquella mujer iba a presentarse públicamente como su futura esposa, recibiría de él el trato correspondiente.
—Bianca.
Ella sostuvo su mirada un instante antes de retirar la mano. Había curiosidad en sus ojos y Matthias comprendió que Salvatore todavía no le había contado todos los detalles de la conversación.
El hombre miró a ambos y decidió que había llegado el momento de dejarlos solos.
—Creo que deberían hablar. Hay ciertas cosas que prefiero no negociar por mi hija.
Bianca soltó una pequeña risa porque ambos sabían que su padre acababa de pasar buena parte de la mañana haciendo exactamente eso.
—Qué considerado de tu parte, papá.
Salvatore se acercó y le dejó un beso en la frente antes de marcharse. Bianca esperó hasta que la puerta se cerró y entonces regresó toda su atención hacia Matthias.
Ahora sí quería saber por qué Matthias Angelini la había elegido.
Bianca tomó asiento frente a él y dejó el bolso a un costado. Durante unos segundos lo observó sin disimular demasiado. Había coincidido con Matthias en varias ocasiones y conocía todo lo que se decía de él, pero hasta entonces nunca había tenido motivos para imaginar que terminarían sentados hablando de matrimonio.
—Debo confesar que me tomó por sorpresa cuando mi padre me contó que habías preguntado por mí —dijo finalmente.
Matthias se acomodó en el sillón y mantuvo la atención sobre ella. No había tomado la decisión por impulso.
—Espero que no haya sido una sorpresa desagradable.
Bianca sonrió mientras negaba con la cabeza. Si debía casarse por conveniencia, podía reconocer que Salvatore habría podido presentarle opciones mucho menos atractivas.
—Todo lo contrario. Siempre supe que probablemente terminaría casándome con alguien que conviniera a mi familia. Al menos agradezco que seas tú y no alguno de los viejos amigos de mi padre con hijos insoportables.
Matthias dejó escapar una sonrisa apenas perceptible. No iba a fingir una ilusión romántica que jamás iba a sentir por ella. Mucho menos podía mostrar desprecio por la hija de Vitale. Se limitó a sonreir.
—Supongo que debo tomarlo como un cumplido.
Bianca apoyó un brazo sobre el sillón y lo miró con algo de diversión. No parecía nerviosa ante la idea del matrimonio. Necesitaba que las cosas avanzaran sin dificultades.
—Definitivamente lo es. Aunque también quiero dejar algo claro antes de tú y mi padre comiencen a organizar media Sicilia alrededor de nosotros.
Matthias levantó ligeramente la barbilla, indicándole que continuara. Prefería conocer desde el principio lo que Bianca tenía para decirle..
—Te escucho.
Bianca respiró antes de hablar. Sabía perfectamente que aquella unión comenzaba por conveniencia, pero eso no significaba que estuviera dispuesta a pasar el resto de su vida viviendo al lado de un desconocido.
—Entiendo que esto es una alianza. No soy ingenua, Matthias. Sé lo que gana mi familia y también entiendo lo que ganan los Angelini. Pero espero que nuestro matrimonio pueda llegar a ser algo más que dos apellidos firmando acuerdos.
Matthias permaneció en silencio.
Sin ninguna razón conveniente, recordó unos labios completamente distintos a los que tenía frente a él. Recordó a Davinna apretando los dientes contra su labio apenas unas horas atrás y después lo había empujado con toda la fuerza que tenía. Incluso recordó su expresión cuando le exigió que respetara a la mujer con la que pensaba casarse.
Matthias regresó la atención hacia Bianca, que seguía esperando.
—No creo que sea difícil.


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