Davinna se apartó para recoger las facturas.
—Ya sabes que tu hijo está bien. Puedes largarte.
Matthias no se movió.
Davinna sintió su presencia detrás de ella y cerró los ojos un segundo antes de darse la vuelta.
Entonces Matthias bajó la mirada hacia su boca.
Davinna reconoció inmediatamente aquella expresión.
—Ni se te ocurra.
Él avanzó un paso sin importar su advertencia.
Davinna retrocedió por reflejo.
—Te dije que no volvieras a tocarme.
—Lo recuerdo bien —expuso el capo con la voz ronca.
La tranquilidad con la que respondió hizo que Davinna sospechara todavía más.
—Entonces compórtate.
Matthias permaneció frente a ella durante un instante.
Y después se inclinó. Davinna apenas tuvo tiempo de comprender lo que pretendía antes de sentir su boca sobre la suya.
El beso fue breve, robado y descaradamente intencional.
La sorpresa de Davinna duró apenas un segundo. Mientras él la apretaba contra su cuerpo y le invadía la boca con su lengua. La semana había sido difícil. Y pese a la negativa y hostilidad de ella , disfrutó del sabor de sus labios.
Al menos hasta un segundo antes de que ella lo mordiera.
Matthias apartó el rostro de golpe, sintiendo un hilo de sangre recorrerle el labio.
Si que estaba enojada.
Davinna apoyó ambas manos contra su pecho y lo empujó con todas sus fuerzas. Se sentía humillada, los ojos le ardieron y sus labios temblaron. Sin embargo elevó el mentón y lo miró con desprecio.
—¡Te dije que no volvieras a besarme!
Matthias retrocedió medio paso por voluntad propia más que por la fuerza de ella. Se pasó el pulgar por el labio inferior y miró la pequeña marca que Davinna acababa de dejarle.
Entonces sonrió.
Davinna sintió que la furia le subía a la cabeza.
—¿Te parece gracioso?
Matthias volvió a pasar la lengua por el labio.
—Un poco.
Davinna lo miró como si considerara seriamente arrojarle algo.
—Eres un hijo de puta.
La sonrisa de Matthias no desapareció.
—Eso ya me lo habías dicho.
Davinna apretó los puños. No iba a permitir que convirtiera aquello en otro de sus juegos.
—Respétame, Matthias.
La sonrisa desapareció lentamente del rostro del capo.
Davinna respiró hondo y sostuvo su mirada.
—Y si no eres capaz de respetarme a mí, ni a tu hijo. Respeta al menos a esa mujer con la que vas a casarte.

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