Pasaron varias horas.
Davinna almorzó con Gemma, revisó desde el teléfono algunos asuntos de La Dolce Vite y habló con una de sus empleadas sobre los pedidos de la semana. Intentó concentrarse en su trabajo, pero cada cierto tiempo terminaba mirando la pantalla del móvil.
Matthias no llamó.
Ni siquiera se dignó a enviar un mensaje.
Davinna terminó dejando el teléfono boca abajo sobre la mesa, molesta consigo misma.
¿Qué esperaba?
Él había pedido que lo informaran. Eso no significaba que fuera a llamarla para celebrar juntos. Seguramente conocer el sexo del bebé era simplemente otra información importante que el capo necesitaba tener bajo control.
S había prometido no recibir las migajas, pero estaba embarazada, eso sin duda la había vuelto más sensible y aunque ella no le importara a ese desgraciado, esperaba que se mantuviera al tanto de su bebé como correspondía.
—¿Quiere que prepare algo especial para cenar? —preguntó Gemma mientras recogía una taza.
Davinna negó con la cabeza y volvió a mirar los pedidos. No tenía demasiada hambre y prefería mantenerse ocupada.
—Lo que quieras está bien. Solo no cocines como si tuviéramos que alimentar a veinte personas.
Gemma la observó unos segundos antes de mirar el teléfono que Davinna había dejado boca abajo.
—No he dicho nada.
Davinna levantó la cabeza.
—Pero lo estabas pensando.
Gemma sonrió y se marchó antes de darle oportunidad de seguir interrogándola.
Davinna bufó. No estaba esperando a Matthias. Definitivamente no.
Ya había oscurecido cuando escuchó un vehículo detenerse frente a la residencia.
Davinna estaba en el pequeño salón conectado a su habitación, sentada con las piernas recogidas mientras revisaba unas facturas. Levantó la cabeza al escuchar movimiento en la planta inferior.
Intentó continuar leyendo.
No pudo.
Escuchó pasos unos minutos después.
Su cuerpo reconoció quién era antes de que Matthias apareciera en la puerta.
Davinna levantó lentamente la mirada. Ahí estaba el desgraciado.
Después de una semana.
Habían pasado siete días desde la última vez que lo vio y Matthias entraba como si nada hubiera ocurrido. Vestía oscuro, llevaba el cabello ligeramente desordenado y parecía venir directamente de algún asunto de trabajo.
Davinna volvió los ojos hacia los documentos.
—¿Te perdiste?
Matthias cerró la puerta detrás de él y se quedó observándola. Había pensado varias veces en ir a verla durante la semana, pero había decidido darle exactamente lo que había exigido: distancia. Eso no significaba que no supiera cada día cómo estaba.
—Es un niño.
Davinna apretó la mandíbula. Al escucharlo. Claro que lo sabía.
—Veo que tus espías trabajan rápido.
Matthias caminó hacia ella sin prisa. Había recibido el informe apenas terminó la revisión y conocía cada dato importante.
—El médico tenía órdenes de informarme.
Davinna dejó las facturas sobre la mesa y se levantó. No quería tener aquella conversación sentada mientras él permanecía frente a ella como una torre.
—Por supuesto que tenía órdenes. Aquí todo el mundo parece tenerlas.
Matthias ignoró la provocación. Su mirada bajó hacia el vientre de Davinna durante un instante antes de regresar a su rostro. Se veía ligeramente más abultado.
—¿Está bien?
Davinna cruzó los brazos.
—El médico dijo que está perfectamente.
Matthias asintió lentamente. Había leído exactamente lo mismo en el informe, pero necesitaba escucharlo de ella.

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