A la mañana siguiente, Davinna descubrió que cuando Matthias decía que estaría protegida no se refería únicamente a colocar hombres armados alrededor de una propiedad.
El médico llegó acompañado por una enfermera y con todo lo necesario para realizar la revisión sin que Davinna tuviera que abandonar la residencia. Gemma estuvo con ella desde el principio, más emocionada de lo que la propia embarazada quería admitir que estaba.
Davinna se acomodó y levantó ligeramente la blusa mientras el médico preparaba el equipo. Había pasado buena parte de la noche pensando en aquel momento. Hasta entonces, el embarazo había sido una realidad evidente por las náuseas, el cansancio, los cambios en su cuerpo y la manera en que Matthias había reorganizado su existencia alrededor de un bebé que todavía no conocían. Sin embargo, saber si era niño o niña lo hacía sentirse diferente. Más real.
—Antes que nada quiero revisar que todo continúe desarrollándose correctamente —explicó el médico mientras comenzaba el procedimiento.
Davinna asintió y buscó la mano de Gemma casi sin darse cuenta. Por mucho que intentara mantenerse tranquila, cada revisión despertaba en ella el miedo irracional de escuchar que algo no estaba bien.
—¿Está bien? —preguntó apenas apareció la imagen en la pantalla.
El médico guardó silencio unos segundos mientras realizaba algunas mediciones. Davinna sintió que aquel breve espacio de tiempo se alargaba demasiado y apretó los dedos alrededor de la mano de Gemma.
—Está perfectamente —confirmó finalmente—. El crecimiento corresponde al tiempo de gestación y el latido es fuerte.
Davinna soltó el aire que había estado reteniendo. Su atención permaneció fija en la pantalla y una sonrisa comenzó a formarse en sus labios sin que pudiera evitarlo.
—¿Seguramente está bien? —insistió, porque necesitaba escucharlo otra vez.
El médico sonrió ante la preocupación evidente de la futura madre primeriza y movió el dispositivo para conseguir otro ángulo.
—Completamente seguro. No veo nada que me preocupe.
Davinna relajó finalmente los hombros. Aquello era lo único que realmente necesitaba saber. Todo lo demás podía solucionarlo después. Matthias, la mafia y su futuro podían esperar mientras su hijo estuviera bien.
Gemma le apretó la mano con entusiasmo.
—Se lo dije. Ese bebé está creciendo fuerte.
Davinna giró los ojos hacia ella y soltó una pequeña risa. No quería pensar en quién podía haber heredado semejante resistencia.
—Con el padre que tiene, probablemente nazca dando órdenes.
Gemma se rio y el médico continuó con la revisión. Pasaron algunos minutos hasta que volvió a detenerse sobre una imagen específica.
—Creo que también puedo responder la pregunta que esperaba hacerme hoy —comentó.
Davinna dejó inmediatamente de sonreír. Miró la pantalla, aunque no comprendía exactamente qué estaba viendo.
—¿Puede saberlo?
El médico ajustó nuevamente la imagen y señaló una zona de la pantalla.
—Sí. Y en este caso no tengo demasiadas dudas.

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