Matthias subió las escaleras, sintiendo el cansancio acumulado en los hombros. Al entrar a su habitación, lo primero que vio fue a Sicario hecho una bolita sobre uno de los cojines del sillón, durmiendo plácidamente con el pequeño chaleco de cuero puesto. Matthias no lo molestó. Se desabrochó el saco, lo dejó caer sobre una silla y empezó a quitarse los botones de la camisa blanca, ahora arruinada por las manchas de sangre.
Se despojó de la ropa sucia y caminó al baño. No quería esperar a que se llenase la tina.
El vapor caliente comenzó a llenar el espacio en cuanto abrió la llave de la ducha. Al meterse bajo el chorro de agua, dejó que el calor le aliviara la tensión de la nuca. El agua corría sobre los marcados músculos de su espalda, sus hombros anchos y el pecho firme, esculpido por años de disciplina. La tinta negra cubría gran parte de su piel: trazos detallados y oscuros bajaban por sus brazos hasta las muñecas, entrelazándose con cicatrices viejas, mientras que en el cuello lucía un diseño imponente que ascendía hasta la línea de la mandíbula. Se pasó las manos por el cabello mojado, echándolo hacia atrás, disfrutando del primer momento de paz en todo el día.
La puerta del dormitorio se abrió con suavidad. Era Devora. La mujer se movía por la mansión con una seguridad absoluta. Llevaba una bata de seda sumamente delgada que apenas cubría un camisón corto del mismo material. Se deslizó por la habitación en silencio hasta llegar a la silla donde Matthias había dejado la camisa manchada, se inclinó despacio, tomó la prenda entre sus manos y se la llevó a la cara para aspirar hondo.
Le fascinaba el aroma masculino de Matthias, a loción y el calor de su piel.
Después caminó hacia la puerta entreabierta del baño. Desde el umbral, su mirada quedó atrapada en la silueta de Matthias bajo el agua. Observó con atención el agua correr por la firmeza de sus hombros, la curva de su espalda y el contorno de sus nalgas. Un calor lento le recorrió el cuerpo, humedeciendo sus bragas. Devora se desabrochó el nudo de la bata de seda y dejó caer despacio uno de los tirantes de su camisón, dejando su hombro al descubierto, ademas de su escote sugerente, adoptando una postura coqueta.
Deseaba entrar en esa ducha.
El sonido de la llave al cerrarse rompió el silencio. Matthias tomó una toalla, se secó la cara y salió del baño llevándo otra enrollada a la cintura. El agua le resbalaba todavía por el torso musculoso, marcando cada relieve de su abdomen. Al ver a Devora de pie a unos pasos, se detuvo un segundo y frunció ligeramente el ceño.
—No sabía que estabas aquí —comentó con voz neutra, mientras caminaba hacia el vestidor para buscar ropa limpia.
Devora entrelazó las manos por delante, manteniendo una postura suave mientras se cubría apenas un poco con la seda abierta.
—Toqué la puerta varias veces y pregunté si podía pasar, pero supongo que no me escuchaste por el ruido del agua —respondió, acompañando las palabras con una sonrisa tenue.
Matthias no se detuvo.
—¿Necesitas algo?
—Solo quería avisarte que ya ordené que te sirvieran la cena en el comedor —dijo ella, dando un par de pasos lentos tras él, observando la anchura de su espalda—. Pensé que llegarías con hambre.
Matthias sacó una bata de algodón oscuro del armario y se la puso con calma, anudándola a la cintura.

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