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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 78

El coche se detuvo frente a la escalinata principal. Elio descendió y le abrió la puerta a Davinna.

Davinna bajó despacio, mirando la inmensidad del lugar con el ceño profundamente fruncido. Esperaba que Matthias la encerrara en algún rincón discreto para mantenerla lejos de la vista de todos antes de su boda con Bianca. Lo que tenía frente a ella no tenía el menor sentido.

—¿Estás seguro de que esta es la casa? —preguntó Davinna, mirando a Elio.

—Sí, señorita Allen —confirmó el hombre.

Davinna dio una vuelta sobre sí misma, observando las dimensiones absurdas del palacio.

—¿Toda? —inquirió, señalando la estructura.

—Toda —reiteró Elio sin romper la compostura.

Davinna sintió una mezcla de desconcierto y ridículo. Si Matthias pretendía apartarla de su vida y sacarla del mapa para darle espacio a su nueva esposa, ¿por qué demonios la había enviado a un palacio que parecía diseñado para una reina? Era una contradicción insostenible que le provocaba un dolor de cabeza incipiente.

Buscó con la mirada alrededor de la entrada, esperando en el fondo que la figura gigantesca del capo apareciera tras los ventanales. Pero Matthias no estaba.

Ojala no pareciera por ahí, eso sí le haría el embarazo más llevadero.

Cruzaron el umbral hacia el gran vestíbulo de entrada, donde techos altos de vigas de madera trabajada y arcos de piedra daban la bienvenida a una casa impecable, tibia y llena de luz.

—¿Matthias vendrá después? —preguntó Davinna, intentando sonar indiferente mientras miraba a su alrededor. Se detestó por ello. Por ansiar verlo, pero quería que el desgraciado le explicara que carajos hacía ella ahí.

—No tengo conocimiento de que el señor Angelini vaya a presentarse hoy, señorita —respondió Elio con educación.

Davinna apretó los labios y tragó el sabor amargo que le dejó la respuesta. Llevaba una semana entera sin verlo y, ni siquiera después de moverla como si no fuera más que una vil intrusa se molestaba en hacer acto de presencia. La ausencia de Matthias reforzó la lectura que ella venía haciendo desde el principio: él estaba comenzando una nueva etapa de su vida con Bianca y ella simplemente ocupaba la jaula de oro que su dinero podía pagar para el cuidado de su hijo.

Gemma se acercó a ella con una sonrisa cálida.

—Venga, señorita Davinna, le voy a enseñar dónde están sus cosas —dijo la sirvienta, intentando animarla.

—Supongo que también eres mi carcelera oficial —comentó Davinna con una pizca de ironía amarga mientras caminaba a su lado.

Gemma dejó escapar una risita y le dio un golpecito cariñoso en el brazo.

—No diga tonterías. Yo solo cuido que usted y el bebé estén cómodos y coman a sus horas. El señor Angelini fue muy claro con eso.

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