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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 66

Para Matthias, los minutos siguientes se convirtieron en un suplicio insoportable. Lorenzo colocó la mano en la cintura de Davinna a una distancia impecable y profesional. No había nada irrespetuoso en su actitud, y eso era exactamente lo que más enojaba al capo: no tenía una razón objetiva para levantarse y romperle la cara al hombre.

Davinna comenzó a conversar con su compañero de baile. A los pocos segundos, algo que Lorenzo dijo le provocó una risa ligera, y ella echó la cabeza hacia atrás, mostrando la línea curva de su cuello.

Ese gesto fue el detonante definitivo.

Francesco llegó desde el pasillo lateral y se detuvo junto a la silla de Matthias, siguiendo la dirección fija de sus ojos oscuros, que amenazaban con perforar a Lorenzo a la distancia.

—¿Qué carajos le causa tanta gracia? —masculló Matthias sin quitar la vista de la pista.

Francesco observó la escena de Davinna sonriendo junto al empresario.

—Probablemente el hombre le dijo algo gracioso —respondió el consejero con tono neutro.

Matthias le lanzó una mirada de soslayo tan helada que habría hecho temblar a cualquiera. Francesco entendió de inmediato la rabia contenida de su jefe.

—Acaba de pactar su compromiso con otra mujer —recordó Francesco en un susurro apenas audible para los dos.

Matthias volvió a fijar los ojos en la mano de Lorenzo sobre el vestido verde.

—¿Y? —soltó el capo con un descaro absoluto.

Francesco se quedó un segundo en silencio, sorprendido ante la lógica impenetrable de su señor.

—Nada —suspiró el consejero—. Pensé que quizá convenía recordárselo.

Matthias apuró el resto de su whisky de un solo trago y dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco.

—Casarme con Bianca no significa que cualquier imbécil pueda venir a ponerle las manos encima a la madre de mi hijo —sentenció con convicción total.

El consigliere soltó un suspiro ante la contradicción. El capo había organizado su vida en dos compartimentos perfectamente sellados: Davinna era la madre de su heredero, la mujer que lo encendía y a la que pensaba proteger bajo su mandato directo; Bianca sería la esposa institucional y aportaría el apellido necesario. Pensó que para Matthias, ambas cosas podían coexistir sin problema.

Entonces Francesco lanzó la pregunta que flotaba en el aire:

—¿Y dónde vivirá la señorita Allen cuando Bianca sea su esposa?

El silencio se reinstaló. Matthias no respondió de inmediato porque no se había detenido a evaluar las implicaciones domésticas de semejante arreglo.

—Hablaremos de eso después —zanjó Matthias.

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