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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 65

Matthias se alejó del balcón, dejando a Salvatore inmerso en sus propios cálculos de poder. Al cruzar el umbral y regresar al aire cálido del gran salón, la frialdad con la que había cerrado la negociación pareció disiparse bajo el peso de una atención totalmente distinta. Sus ojos oscuros buscaron de inmediato el rincón donde había dejado a Davinna.

En cuanto llegó a la mesa, su postura dominante se suavizó apenas un matiz. Inclinó la cabeza hacia ella, recorriendo con la mirada el rostro de la chica y descendiendo un segundo, casi de forma imperceptible, hacia la curva incipiente de su vientre antes de tomar asiento a su lado.

—¿Te sientes bien? —preguntó en voz baja, asegurándose de que el volumen del salón no los obligara a elevar la voz—. ¿Estás cansada?

Davinna, ignorante por completo del pacto que acababa de sellarse a pocos metros de distancia, le sonrió de manera natural al verlo regresar. La atención discreta con la que la trataba le resultaba extrañamente reconfortante en medio de un entorno tan hostil.

—Estoy bien —respondió ella, acomodándose en el sillón de terciopelo—. ¿Arreglaste tus asuntos?

Matthias extendió la mano hacia la mesa para tomar su vaso de whisky, haciendo girar el líquido ámbar contra los cubos de hielo.

—Mis negocios siempre resultan bien —contestó con total serenidad, dando un sorbo lento.

Mientras hablaban, sus ojos oscuros se posaron de nuevo en ella. El vestido verde esmeralda parecía confeccionado únicamente para atormentarlo. Le amoldaba los senos con firmeza y dejaba al descubierto la curva tentadora de sus hombros. Llevaba toda la noche intentando no imaginar cómo se vería la piel de Davinna sin la seda sobre su cuerpo, pero en ese instante se le ocurrió una posibilidad todavía más atractiva: no quitárselo. Imaginó encontrar algún corredor desierto en aquella enorme propiedad, empujarla contra la pared de piedra, subirle la falda apenas lo suficiente y tomarla allí mismo, todavía vestida de verde.

Davinna notó la fijeza con la que la observaba. La intensidad de su mirada no era profesional ni distante; era un peso cálido que le recorrió el cuello.

—¿Qué? —preguntó ella, inclinando ligeramente la cabeza.

—Nada —respondió él.

Sin embargo, una pequeña sonrisa arrogante se dibujó en la comisura de los labios de Matthias, dejándole claro a Davinna que definitivamente sus pensamientos no tenían nada de inocentes.

Antes de que pudiera replicar, unos pasos seguros se detuvieron junto a la mesa.

—Matthias —saludó una voz masculina y educada.

Un hombre de unos treinta y cinco años, alto, de facciones pulidas y vestido con un esmoquin de corte perfecto, les dedicó una inclinación de cabeza. Era Lorenzo Lombardo, perteneciente a una influyente y antigua familia de empresarios de Palermo. No era un enemigo de la casa Angelini, sino un socio comercial respetado con el que mantenían acuerdos estables en el sector inmobiliario, lo que hacía imposible que Matthias lo despachara con la brusquedad habitual que reservaba para los subordinados.

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