Matthias percibió el interés sobre Davinna al instante. Sin perder la compostura ni hacer un solo gesto brusco, pasó una mano posesiva alrededor de la cintura de la castaña, pegándola ligeramente a su costado mientras avanzaban entre la multitud.
Durante la primera hora de la fiesta, Matthias se comportó con una atención intachable hacia ella. Hizo que un camarero le sirviera una copa con jugo fresco sin alcohol, se aseguró de ubicar los espacios más tranquilos del salón para que ella no sufriera empujones y le preguntó en voz baja si el ritmo de la música o la multitud la cansaban. Cada vez que debían desplazarse entre los grupos de invitados, la mano de Matthias permanecía firme en su espalda baja, guiándola con una solidez que transmitía protección absoluta.
Sin embargo, cuando Paolo Rinaldi se acercó a saludarlos acompañado por dos de sus capitanes, la presentación de Matthias fue tajante y medida:
—Davinna Allen. Mi acompañante esta noche —dijo el capo con voz serena, sin añadir ningún otro título ni dar explicaciones sobre la naturaleza de su vínculo.
Davinna sostuvo la mirada de los hombres y saludó con una inclinación educada de la cabeza. No le sorprendió la etiqueta usada por Matthias; sabía perfectamente cuál era su lugar en ese entorno y no esperaba que la presentara como nada más. Sin embargo, no podía ignorar la ironía de la situación: mientras el capo la sostenía de la cintura con un dominio que sugería que le pertenecía por entero, sus palabras la mantenían en el límite exacto de una simple invitada.
Cerca de la medianoche, Matthias divisó a Salvatore Vitale en uno de los balcones laterales que daban hacia los jardines iluminados de la propiedad.
Se giró hacia Davinna, que se encontraba sentada cómodamente en un sillón de terciopelo junto a una mesa pequeña.
—Tengo que tratar unos asuntos de negocios —dijo él, inclinándose ligeramente hacia ella. Tocó brevemente su mano, pasando el pulgar por sus nudillos—. Quédate aquí y descansa. No tardo.
Davinna asintió en silencio, viendo cómo la imponente figura de Matthias se abría paso entre la gente hasta desaparecer en dirección al balcón.
Matthias caminó hasta alcanzar la zona más privada del ventanal, donde Salvatore conversaba con un vaso de cristal en la mano. El anciano capo de los Vitale se giró al notar la presencia de Matthias y le hizo un gesto de saludo con la cabeza.
—Matthias —dijo Salvatore, ofreciéndole una leve inclinación—. Buena recepción la de los Rinaldi. Veo que trajiste una compañía excepcional.
Salvatore miró discretamente por encima del hombro de Matthias hacia el interior del salón, fijando los ojos en Davinna, quien aguardaba tranquilamente en su asiento. Era imposible no verla, la chica era hermosa y la atención de todos estaba sobre ella.
—Es una mujer hermosa —comentó el viejo capo, dando un sorbo a su bebida—. Por la forma en que la mantienes pegada a ti, supongo que finalmente has decidido presentar a tu pareja formal.
Matthias tomó una copa de la bandeja de un camarero que pasaba cerca y miró hacia el salón, detallando la figura de Davinna a lo lejos.
—Es hermosa, eso es innegable —reconoció Matthias, sin mostrar ninguna emoción evidente en el rostro—. Pero te equivocas, Salvatore. Entre ella y yo no existe una relación de esa naturaleza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Heredero del Arrogante Millonario