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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 63

Pasada la medianoche, el rugido amortiguado del motor de la camioneta anunció la llegada de Matthias a la propiedad. La mansión estaba en completa calma, con la mayoría de las luces apagadas y los pasillos sumidos en una tranquilidad absoluta. Ni Devora ni Davinna lo esperaban en el vestíbulo.

Matthias se quitó el saco del traje, dejándolo sobre el respaldo de una silla en el comedor, y se sentó a la mesa mientras Gemma le servía un plato ligero con carne fría y pan fresco.

A los pocos segundos, un pequeño rasguño en la pata de la mesa anunció la presencia de Sicario. El mono capuchino trepó hábilmente por la madera hasta acomodarse en una esquina de la superficie, observando la comida de su dueño con los ojos brillantes y atentos. Matthias sacó un pedazo pequeño de queso y se lo extendió al animal, que lo tomó entre sus patas diminutas antes de morderlo.

—¿Y Davinna? —preguntó Matthias sin levantar la vista del plato, hablando con su habitual tono neutro.

—La señorita cenó temprano y subió a su habitación a descansar, señor —explicó Gemma mientras limpiaba la encimera cercana—. Estaba bastante cansada.

Matthias hizo una pausa casi imperceptible con el tenedor en la mano. Asintió despacio, pero en el fondo de su mirada se cruzó una ligera sombra de decepción al no encontrarla despierta esperándolo como la noche anterior.

—Ah, casi lo olvido —intervino Gemma, abriendo uno de los gabinetes altos para retirar el plato de porcelana—. La señorita Davinna le dejó esto antes de irse a la cama. Preparó una hornada nueva esta tarde.

La sirvienta colocó el plato frente a él. Matthias contempló el pequeño pastelillo glaseado. Una sonrisa minúscula, casi invisible, se dibujó en la comisura de sus labios. Sicario estiró la pata con rapidez intentando atrapar el postre, pero Matthias le apartó la mano con un movimiento de los dedos, bloqueándole el paso sin brusquedad.

—Esto no es para ti —murmuró el capo con voz baja.

Tomó el dulce con dos dedos y le dio un mordisco, saboreando el centro cremoso. El gesto de Davinna le causó una satisfacción extraña que no se molestó en analizar, disfrutando el sabor mientras terminaba de comer en el silencio de la casa.

…

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