—Bianca Vitale —dijo Matthias.
Las palabras cayeron como sentencia irrefutable. Francesco se detuvo a mitad de camino hacia la puerta, girándose despacio con las cejas ligeramente elevadas bajo los armazones de sus anteojos. Sostuvo la mirada del capo durante unos segundos, buscando algún indicio de duda o provocación, pero solo encontró la frialdad implacable de siempre.
—¿Bianca Vitale? —repitió Francesco, ajustándose la carpeta azul bajo el brazo—. Admito que no la tenía en la parte alta de la lista. Don Salvatore es un hombre poderoso en la zona sur, pero la familia Vitale tiene un historial de alianzas complicadas. Son ambiciosos y bastante impredecibles.
Matthias no cambió de postura. Apoyó los antebrazos sobre la madera del escritorio y entrelazó los dedos, manteniendo la espalda recta.
—Precisamente por eso —respondió el capo con voz baja y pausada—. Bianca me parece la opción adecuada para ocupar el lugar de mi esposa. Tiene el apellido, el linaje y la educación necesaria para el puesto.
Francesco escuchó la afirmación sin rebatir el argumento. Conocía a Matthias desde hacía bastantes años para saber que, cuando usaba ese tono de absoluta certeza, no había lugar para el debate. El capo evaluaba el matrimonio exactamente igual que un contrato de transporte marítimo o una toma de territorio: con cálculos fríos y sin espacio para las emociones.
—Si es su decisión, comenzaré a recopilar la información financiera de los Vitale para la auditoría de alianza —dijo Francesco, dando un paso de regreso hacia la mesa—. ¿Quiere que prepare el anuncio para la junta directiva?
—No —lo cortó Matthias con firmeza—. Esta información se queda entre nosotros. Por ahora no habrá ningún anuncio de compromiso ni preparativos públicos. Primero hablaré personalmente con Salvatore durante la recepción de los Rinaldi este sábado.
—Salvatore asistirá —confirmó Francesco, asintiendo despacio—. Confirmó su asistencia ayer por la tarde junto a su escolta personal.
—Bien —concluyó Matthias, desviando la mirada hacia la pantalla de su ordenador—. Revisa los informes de las entregas en el muelle cuatro. No quiero fallos en los registros antes de la reunión del lunes.
Durante la hora siguiente, la conversación entre ambos siguió.
…
En la mansión Angelini, el vapor caliente salía del horno inundando la amplia cocina con el aroma reconfortante del azúcar tostado y la mantequilla. Davinna sacó la última bandeja de panecillos con las manos protegidas por unos guantes gruesos de tela, dejándola reposar sobre la isla de granito.
Al quedarse sola tras la partida de Devora, el silencio de la estancia le pesaba en la cabeza. Aunque había mantenido la compostura frente a la viuda sin soltar una sola respuesta fuera de lugar, la realidad era que las palabras de Devora sí le habían afectado, carajo. No quería engañarse a sí misma ni esconderse detrás de una falsa indiferencia: la sola idea de imaginarse a Matthias escogiendo minuciosamente a una mujer para convertirla en su esposa legítima le causaba un nudo amargo en el estómago.


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