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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 61

Devora sonrió.

La reacción de Davinna había sido exactamente la que esperaba. El movimiento de su mano se había detenido sobre la bandeja y, durante unos segundos, no había pronunciado una sola palabra.

Aquello le produjo una satisfacción difícil de disimular.

Sin embargo, Davinna terminó elevando el rostro.

En realidad, la noticia no debería sorprenderla.

Matthias era extremadamente rico. Pertenecía a una de las familias más poderosas de Sicilia y, aunque su fortuna no tuviera nada que ver con la de los hombres comunes, supuso que algunas cosas funcionaban igual entre millonarios y mafiosos. Los hombres como él se casaban. Formaban alianzas, protegían apellidos, aumentaban fortunas y aseguraban descendencia.

Y después de todo, Devora tampoco había dicho ninguna mentira.

Que Matthias y ella hubieran terminado en la cama un par de veces no la convertía en dueña de su verga.

Matthias le gustaba. Mucho más de lo conveniente.

Y estaba bastante segura de que ella también le gustaba a él. No hacía falta ser particularmente inteligente para reconocer el deseo en la manera en que Matthias la miraba, la tocaba o encontraba cualquier excusa para acercarla a su cuerpo.

Pero aquello seguía siendo deseo.

Deseo carnal.

Iban a tener un hijo juntos, sí, pero aquel bebé no había sido planeado. Ninguno de los dos había entrado en aquella habitación meses atrás pensando en formar una familia. Habían sido dos desconocidos que se dejaron llevar y ahora tenían que enfrentarse a las consecuencias de aquella noche.

Matthias no le debía fidelidad.

Mucho menos explicaciones acerca de sus relaciones sentimentales o de lo que pretendiera hacer con su futuro.

Curiosamente, reconocerlo le produjo una pequeña presión desagradable en el pecho.

Davinna decidió ignorarla. Que fueran a tener un hijo no significaba nada. Por tanto, no cometería la ridiculez de armarle una escena de celos o absurdos reclamos. Lonque si tenía claro. Es que ella no se volvería su amante.

—No sé exactamente a qué viene todo esto —dijo finalmente, retomando la manga pastelera que había dejado sobre la mesa.

La sonrisa de Devora perdió un poco de fuerza al no encontrar en su voz el dolor que esperaba.

—Creí que era justo que lo supieras —respondió, encogiéndose ligeramente de hombros mientras fingía indiferencia.

Davinna terminó de decorar uno de los pastelillos antes de levantar nuevamente la mirada.

—Si lo que te preocupa es que haga algún escándalo el sábado, puedes tranquilizarte —dijo con serenidad, dejando la manga sobre un recipiente—. Conozco perfectamente mi lugar.

Devora arqueó ligeramente una ceja.

—¿Tu lugar? —preguntó, observándola con renovado interés.

Davinna se limpió los dedos con un paño.

—Soy la madre del hijo de Matthias —respondió sin vacilar—. Eso es lo único que existe entre nosotros que no va a cambiar, independientemente de lo que él decida hacer con su vida.

Pronunciarlo en voz alta resultó bastante menos sencillo de lo que había esperado.

Aun así, no permitió que se reflejara en su rostro.

—Por lo tanto, puede casarse con quien le venga en gana —añadió, regresando su atención a los pasteles.

Devora guardó silencio.

No era aquella la reacción que había imaginado.

Esperaba preguntas. Celos. Quizá incluso que Davinna saliera de la cocina dispuesta a buscar a Matthias para exigirle explicaciones.

No aquella tranquilidad.

Davinna tomó una fresa y comenzó a cortarla cuidadosamente.

—Yo más bien me pregunto otra cosa —comentó unos segundos después.

Devora entrecerró ligeramente los ojos.

—¿Qué cosa? —preguntó, cruzándose de brazos.

Davinna colocó una de las mitades de fresa sobre la crema.

—Por qué tú le das tanta importancia a una posible boda.

El cuerpo de Devora se tensó apenas.

Davinna lo percibió.

—Pareciera que quien espera con ansias que Matthias no se case eres tú —continuó, levantando lentamente la mirada hacia ella—. Y eso me hace preguntarme por qué te importa tanto. Qué interés tienes detrás de todo esto.

Por primera vez desde que había entrado en la cocina, Devora no respondió inmediatamente.

La acusación no había sido directa.

No hacía falta que lo fuera.

—Estás imaginando cosas —contestó finalmente, soltando una pequeña risa mientras descruzaba los brazos—. Simplemente pensé que podía afectarte. Y entre muneres debemos apoyarnos. Como dije, pensé que era justo que lo supieras

Davinna observó aquella representación de empatía sin creérsela durante un solo segundo.

—Qué considerada.

Devora ignoró el comentario.

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