Davinna, que acababa de dejar su bolso sobre una consola, levantó la cabeza.
No esperaba aquello. Por supuesto que sabía que iria con él, pero sinceramente había creido que Devora también acudirá
No ofreció ninguna explicación adicional.
Para él parecía una decisión ya tomada.
Devora permaneció inmóvil.
—Entiendo —respondió después de un instante, componiendo una sonrisa perfectamente educada.
Por dentro, sin embargo, sintió que algo se le retorcía con violencia.
Había acompañado a Matthias el año anterior porque era la viuda de Leonel Angelini. Su presencia junto al nuevo capo había resultado lógica ante las demás familias.
Ahora Matthias acababa de reemplazarla con Davinna como si aquello careciera de importancia.
Y lo peor era que probablemente para él realmente carecía de ella.
Matthias volvió a mirar a Davinna.
—Come bien —ordenó, reparando en que todavía faltaban varias horas para la cena.
Davinna arqueó una ceja.
—Sé alimentarme sola.
Matthias sostuvo su mirada durante un segundo.
—Entonces no tendremos problemas. Tampoco habrá necesidad de traer al médico de nuevo.
Se giró y continuó hacia su despacho sin añadir nada más.
Davinna esperó hasta que desapareció por el corredor.
Después bajó la mirada para ocultar la sonrisa que amenazaba con aparecer en sus labios.
Iba a acompañarlo.
No debería haberle producido tanta satisfacción.
Mucho menos después de repetirse durante días que entre Matthias y ella no existía absolutamente nada aparte del bebé y aquella atracción que ambos parecían incapaces de controlar.
Aun así, entró en la cocina bastante más contenta de lo que estaba dispuesta a reconocer.
Devora, sin embargo, esperó unos minutos.
Después siguió los mismos pasos de Matthias.
Lo encontró detrás del escritorio de su despacho revisando varios documentos.
—¿Es en serio? —preguntó apenas cerró la puerta.
Matthias levantó lentamente los ojos del papel.
La forma en que la miró bastó para advertirle que escogiera cuidadosamente las siguientes palabras.
—¿Qué cosa?
Devora se acercó al escritorio.
—Llevar a Davinna a la recepción de los Rinaldi —respondió, procurando mantener el tono controlado—. No me incumbe a quién llevas, pero sabes cómo funciona ese ambiente.
Matthias dejó la pluma sobre el escritorio.
—Entonces no debería preocuparte.
Devora respiró despacio.
—Nonquiero ser despectiva. Pero Davinna no es nadie dentro de nuestro mundo, Matthias. ¿Qué crees que van a decir cuando aparezcas llevando del brazo a una cualquiera?
El silencio posterior fue inmediato.
Matthias se puso de pie.
La diferencia de tamaño entre ambos se hizo evidente cuando rodeó lentamente el escritorio.
—Cuida cómo te diriges a mí y más aun, cuida cómo hablas de ella —advirtió.
Devora dio un paso atrás, pero Matthias ya había llegado hasta ella.
Sus dedos se cerraron alrededor de su brazo con firmeza, Devora jamás lo había visto así. Nunca le había hablado de esa forma.
—Y abstente de decirme qué me conviene y qué no —continuó, mirándola directamente a los ojos—. Sobre todo si quieres continuar viviendo bajo mi techo.
Devora palideció.
—Solo intentaba proteger el apellido de la familia —respondió, manteniendo la barbilla alta a pesar de la humillación.
Matthias soltó su brazo con brusquedad.
—El apellido Angelini no necesita que tú lo protejas.

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