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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 6

Davinna se congeló en mitad del cuarto. Se quedó con la boca a medio abrir, parpadeando varias veces como si necesitara procesar las palabras que acababan de salir de la boca del mafioso. La rabia en su rostro mermó. Carraspeó en silencio, sintiendo cómo el calor del bochorno comenzaba a subirle ahora por razones totalmente distintas. Bajó la mano con la que señalaba a la puerta y miró hacia otro lado, fijando la vista en la cortina de la ventana.

—Bueno... —murmuró, tragando saliva antes de volver a encararlo con altivez—. Es culpa tuya que haya creido que era tu mujer.

Matthias arqueó una ceja, cruzándose de brazos sobre el pecho.

—¿Mía?

—Pues sí —argumentó ella con rapidez, tratando de recuperar el terreno perdido—. Si ella se presenta en la entrada como "la señora Angelini", ¿cómo esperabas que entendiera otra cosa? Cualquier persona habría pensado exactamente lo mismo.

Por primera vez desde que se volvieron a ver, los labios de Matthias se curvaron de forma genuina.. Mantuvo el rostro serio, pero una sonrisa muy pequeña, casi imperceptible, se dibujó en la comisura de su boca al ver el intento desesperado de la chica por justificarse.

¿Acaso se había puesto celosa al pensar que estaba casado?

Davinna notó el gesto y volvió a ponerse seria de inmediato, cruzándose de brazos para marcar distancia.

—Eso no cambia nada —sentenció con dureza.

—¿De que hablas ahora? —preguntó él, dando un paso lento en su dirección.

—Que me trajiste aquí contra mi voluntad —dijo ella, avanzando un paso para encararlo cara a cara, sin dejarse intimidar por la diferencia de estatura que era considerable —. Me subieron a una camioneta a la fuerza. Eso es un secuestro.

Matthias asintió lentamente, manteniendo la mirada fija en los ojos de ella.

—Eso es correcto.

Davinna se quedó descolocada. No esperaba que lo admitiera con semejante descaro y sin una sola pizca de culpa.

—Secuestrar gente es ilegal —añadió ella, apretando los dientes.

—Vaya, sabes cómo funcionan las leyes —se burló él con voz baja.

—Voy a denunciarte —amenazó Davinna, alzando la barbilla—. Llamemos a la policía ahora mismo y veamos qué opinan ellos de todo esto.

En lugar de responder, Matthias metió una mano en el bolsillo frontal de su saco. Sacó lentamente el pesado anillo de oro y lo sostuvo entre dos dedos, dejándolo brillar bajo la luz de la habitación. Dio dos pasos largos hasta quedar extremadamente cerca de ella, tanto que Davinna pudo sentir el calor de su cuerpo y el aroma de su colonia.

—Antes de llamar a nadie, explícame por qué negaste que tenías mi anillo —dijo él, inclinando ligeramente la cabeza hacia ella.

Davinna miró la joya y frunció el ceño, echando la cabeza hacia atrás para mantener la distancia.

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