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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 58

La puerta de la oficina volvió a abrirse y Francesco entró a la estancia sosteniendo una carpeta de color azul bajo el brazo. Al ver la bola de papel en la papelera y la postura rígida de su jefe con las manos apoyadas en el borde del escritorio, Francesco no necesitó preguntar qué había pasado. Conocía a Matthias desde hacía más de quince años; sabía de sobra que el único tema capaz de romper esa máscara de hielo era el asunto de la familia y las presiones del consejo.

La mafia era una perra. Le había dado a Matthias una reputación temible, un poder absoluto en la ciudad y una fortuna tan grande que no podría gastarla ni en tres vidas. Pero también se lo había arrebatado todo en el proceso. Primero su madre, cuando apenas era un niño que no entendía por qué había hombres armados en el vestíbulo de su casa, y años más tarde a Leonel, su hermano. Quizá por esa misma razón, Matthias había prolongado tanto la idea de construir una familia propia, manteniendo a todos a una distancia prudente.

Hasta que Davinna apareció en su camino.

Davinna había resultado ser una excelente casualidad. Era una mujer completamente ajena a la podredumbre de su mundo, una repostera independiente que no tenía alianzas con otras familias de la mafia ni ambiciones de poder. Y le daría un hijo.

A lo largo de su vida, Matthias había tenido innumerables amantes. Mujeres hermosas, elegantes, peligrosas o sumisas que pasaron por su cama sin dejar el menor rastro en su memoria. Jamás se le pasó por la cabeza la idea de embarazar a ninguna de ellas; siempre había sido extremadamente cuidadoso, calculando cada paso para evitar sorpresas o chantajes. Pero de pronto llegó Davinna. Con sus ojos expresivos, su carácter firme, sus caderas amplias y esos pechos hermosos que lo volvían loco cada vez que los tenía cerca.

La noche en que se conocieron en aquel club privado, ella había bebido más de la cuenta. Davinna estaba demasiado ebria para pensar con claridad, lo suficiente como para dejar que la guiara hasta ese apartamento alejado del centro. Recordaba la calidez de su piel, la forma en que se aferraba a su espalda y la manera desesperada en que la había tomado, llenándola de su semilla una y otra vez hasta dejar grabado a su heredero en su interior.

En un principio, la solución parecía matemática y sencilla: hacer a esa desconocida la madre de su hijo, asegurarle un futuro económico sin necesidades y, después del nacimiento, quizás desaparecerla de su mapa o enviarla lejos con una pensión millonaria para criar al niño bajo la tutela de los Angelini. Sin embargo, ocurrió algo que no había contemplado en sus cálculos más fríos: Davinna comenzó a gustarle mucho más de lo que estaba dispuesto a reconocer. Le gustaba su orgullo, la forma en que le sostenía la mirada sin temblar y el calor de su cuerpo cuando se quedaba dormida sobre su pecho.

Francesco dio un paso hacia el escritorio, dejando la carpeta azul sobre la madera limpia, junto al teléfono de oficina.

—Sé que no le gusta que hable de esto —empezó diciendo Francesco, manteniendo un tono profesional pero directo—, pero necesita una esposa antes de la reunión trimestral del consejo. La presión va a aumentar después de la fiesta de los Rinaldi.

Matthias se echó hacia atrás en su sillón de cuero, aflojándose ligeramente el nudo de la corbata mientras miraba la carpeta.

Su deber parte 2 1

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