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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 55

Matthias se hundió en ella con un impulso lento, deliberado y profundo que le arrebató el aliento a Davinna. La sensación de estiramiento y plenitud fue tan abrumadora que enterró las uñas en las sábanas de seda gris, soltando un gemido agudo que resonó en la penumbra del dormitorio.

El cuerpo de Matthias era simplemente perfecto, tenso sobre el suyo. Sosteniéndose con los antebrazos a cada lado de la cabeza de Davinna, descendió hasta pegarse a su oído. Su aliento quemaba.

—El médico fue muy claro hoy, pastelito —murmuró con una voz grave, áspera, cargada de una posesividad implacable—. Dijo que nada de esfuerzos para ti. Y como no pienso arriesgarme a que mi hijo se desprenda de tu útero... voy a hacer todo el trabajo yo solo.

Davinna abrió los ojos, empañados por la niebla del placer, tratando de sostenerle la mirada.

—Matthias...

—Cállate y siente —la cortó él, enterrando la boca en su cuello mientras comenzaba a mover la pelvis.

Los embates iniciales fueron lentos, midiendo la resistencia de su carne caliente. Matthias retrocedía casi hasta salir por completo, dejando solo la cabeza rozando sus labios inflamados, para después sepultarse de un solo empujón fluido que hacía chocar su pubis contra las nalgas de Davinna. El sonido de la piel húmeda colisionando en la oscuridad de la habitación se volvió rítmico, sucio y dominante.

Davinna ahogó un grito cuando él inclinó el ángulo de su cadera y rozó ese punto interno que la hacía perder la cabeza. Su vag¡na, completamente empapada por los jugos de su orgasmo anterior y por el lubricante natural de su excitación, se apretaba alrededor del miembro grueso de Matthias con espasmos involuntarios.

—Eso es... apriétame así —le susurró él contra la garganta-. Estás hirviendo por dentro. Me encanta.

Matthias no le dio tregua. Llevó una de sus grandes manos a la pierna de Davinna, enganchándole la corva del rodilla y levantándosela hasta el pecho para abrirla todavía más. Con esa posición, la penetración se volvió abrumadora. Cada embestida golpeaba en su cuello uterino, sacándole gemidos entrecortados y desordenados.

—Oh... Dios... —gemía ella, arqueando la espalda mientras sus pechos erguidos botaban con cada embestida que de delicada no tenia nada.

El calor entre los dos era sofocante. La fricción constante de su verga entrando y saliendo de su cavidad apretada llevó a Davinna al límite en cuestión de minutos. Los músculos de sus muslos comenzaron a temblar, su respiración se volvió errática y el clítoris, inflamado y expuesto, reaccionó al roce firme de Matthias. El segundo orgasmo la atravesó como una descarga eléctrica; sus paredes vaginales se contrajeron violentamente alrededor de él, succionándolo y atrapándolo en una ola de calor denso.

Davinna gritó su nombre en la almohada mientras se convulsionaba bajo su peso. Matthias disfrutó cada espasmo, continuando con empujones profundos y constantes sin salirse, saboreando cómo la carne de ella aprisionaba su miembro.

Sin darle tiempo a recuperarse, Matthias la sujetó por la cintura y la giró sobre el colchón con facilidad.

—Ponte de rodillas —ordenó con tono seco.

Davinna, mareada de placer y con las piernas temblorosas, obedeció. Apoyó los antebrazos en la cama y alzó la cadera. La vista desde atrás hizo que Matthias soltara una frase en italiano. Su trasero estaba marcado por el roce y el líquido brillante escurría por la parte interna de sus muslos.

Matthias se posicionó detrás, sujetó sus caderas con fuerza —dejando las marcas de sus dedos sobre la piel suave— y se enterró de nuevo en ella desde atrás. La entrada fue tan brusca y profunda que Davinna arqueó el cuello viendo hacia el techo, soltando un gemido descarado que retumbó en las paredes.

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