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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 54

El resto de la tarde transcurrió en calma. Una de las sirvientas de la mansión le llevó la cena a la habitación por órdenes directas de Matthias.

Davinna aprovechó las horas para descansar verdaderamente, asimilando el cansancio acumulado por la jornada en la pastelería.

Entrada la noche, Davinna se cambió de ropa y se puso un camisón de seda ligero. La tela fina se adhería a su piel, dibujando el contorno de su cuerpo y dejando traslucir con absoluta claridad la firmeza de sus pezones erectos por el roce del tejido. Se acomodó en el lado izquierdo de la enorme cama matrimonial, esperando que Matthias durmiera en el extremo opuesto o pasara la noche en su despacho.

Cerca de la medianoche, la puerta de la habitación se abrió despacio. Matthias entró en silencio. Vestía únicamente un pantalón de tela oscura y llevaba el torso desnudo, dejando a la vista la impresionante musculatura de su espalda y el pecho marcado.

Al cruzar la estancia, su mirada se fijó de inmediato en la silueta de Davinna. Se detuvo un segundo antes de acostarse, apreciando el contraste de la seda sobre su piel y el relieve evidente de sus pezones marcados bajo la fina tela. Davinna notó el peso de esa inspección antes de girarse de lado, dándole la espalda para fingir que ya dormía.

Sin embargo, sintió cómo el colchón se hundía profundamente detrás de ella bajo el peso del hombre.

De pronto, un brazo ancho y pesado la rodeó por la cintura, pegando la espalda de Davinna contra el pecho cálido y firme de Matthias. Davinna se tensó de inmediato al sentir el contacto de su piel.

—Matthias.

—Duérmete —murmuró él con voz baja y pausada contra su nuca.

Su mano no se limitó a quedarse firme en su cintura; subió despacio por el abdomen hasta alcanzar la seda de su pecho. Con una lentitud estudiada, Matthias cubrió uno de sus senos, amansándolo con la palma espaciosa mientras sus dedos presionaban el pezón rígido a través del tejido. Davinna dejó salir un aliento entrecortado ante el estremecimiento que la recorrió la piel.

—Tienes una cama enorme. Puedes dormir perfectamente del otro lado —logró susurrar, intentando no perder la compostura mientras él continuaba amasando sus pechos con ritmo pausado.

—Lo sé —respondió él sin soltarla, deslizando el pulgar sobre la punta endurecida de su pezón—. Pero así me aseguro de que no te vayas a tu habitación a mitad de la noche.

Davinna inspiró hondo. Sabía que podía exigirle seriamente que la liberara, pero la realidad era que el calor de su cuerpo contra la espalda, el peso de sus manos amoldando sus senos y la firmeza con la que la sostenía le resultaban demasiado reconfortantes para rechazarlos.

De repente, Davinna sintió una presión clara y dura contra la parte baja de sus nalgas. La erección de Matthias se marcaba con fuerza a través de la tela del pantalón.

—Matthias... —se quejó ella en un susurro, intentando moverse ligeramente hacia adelante.

—No es mi culpa —respondió él con voz ronca y serena—. Y si te sigues moviendo, solo se va a poner más dura.

Davinna se quedó inmóvil, sintiendo el pulso acelerado en su propio cuello mientras el calor entre ambos aumentaba.

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