El sonido de unos pasos apresurados en el pasillo interrumpió el tenso silencio del dormitorio. Davinna permanecía recostada sobre las sábanas de seda gris, con la mano de Matthias todavía rodeando la suya con firmeza. Su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas, no por ningún malestar físico, sino por la inminente llegada del médico de la familia Angelini.
La puerta de roble se abrió y el doctor Giordani entró en la estancia. Era un hombre de unos cincuenta años, de cabello cano, mirada serena y el semblante de alguien que llevaba décadas atendiendo los asuntos privados de la casa. Traía su maletín en la mano y la chaqueta del traje ligeramente desabrochada por la prisa.
Matthias no se levantó del borde de la cama, pero su postura se volvió rígida.
—Doctor —dijo el capo, con brevedad—. Presentó un dolor agudo en el vientre.
El doctor Giordani asintió con calma profesional, acercándose al costado de la cama mientras abría su maletín.
—Buenas tardes, señorita —saludó con voz pausada, mirando a Davinna—. Vamos a revisar qué está sucediendo. ¿Podría indicarme exactamente dónde sintió la molestia y cómo era el dolor?
Davinna apretó sutilmente los dedos alrededor de la sábana. La mirada atenta del médico y la presión pesada de Matthias a su lado la hicieron medir cada palabra para no perder la compostura.
—Fue un tirón repentino —explicó Davinna, intentando mantener la voz completamente firme y natural—. En la parte baja del abdomen. Un malestar... como un espasmo.
El médico realizó una palpación suave y metódica sobre el vientre plano de la chica. Preguntó por la presencia de otros síntomas: fiebre, mareos intensos o cualquier tipo de sangrado. Davinna respondió negativamente a todo, manteniendo la mirada fija en el techo mientras el examen avanzaba.
Tras un par de minutos, el doctor Giordani se retiró los guantes y guardó el estetoscopio en su maletín. Su rostro no mostraba la menor señal de alarma.
—Todo se encuentra en orden —declaró el médico, dirigiéndose tanto a Davinna como a Matthias—. Durante las primeras semanas de gestación es completamente normal experimentar molestias leves de este tipo. El útero comienza a adaptarse, los ligamentos se estiran y los cambios hormonales suelen afectar también el tránsito intestinal, lo que a menudo genera espasmos que se confunden con dolores uterinos.
Davinna dejó salir el aire de sus pulmones de forma casi imperceptible. Un alivio inmenso la recorrió de pies a cabeza. Su mentira, impulsada únicamente por un arrebato del enojo al ver a Devora, había quedado totalmente respaldada por la propia biología del embarazo.
Matthias, sin embargo, no relajó la expresión de su rostro. Sus ojos oscuros se fijaron con severidad en el médico.
—¿El bebé está bien? —preguntó, sin rodeos.
—Por lo que puedo comprobar mediante la exploración física y la ausencia de síntomas de riesgo, sí, el embarazo evoluciona de forma adecuada —confirmó Giordani con tranquilidad—. Lo importante ahora es evitar complicaciones innecesarias. Le recomiendo a la señorita descansar el resto del día. Nada de cargar peso, nada de esfuerzos físicos y procurar mantenerse bien hidratada y tranquila.
Matthias escuchó cada indicación con atención absoluta.
—¿Cuándo sabremos si es niño o niña? —inquirió el capo de pronto, con una voz neutra que no buscaba sonar afectuosa, pero que revelaba interés por el desarrollo de su heredero. Lo más conveniente sería que tuviers un varón, pero si era niña, seguía siendo una Angelini. Quizá después podrían hacer otro.
Davinna giró ligeramente la cabeza para mirarlo. La pregunta le llamó la atención de manera discreta; Matthias no solía hacer comentarios sobre el futuro ni demostraba sentimentalismos, pero la certeza con la que asumía la llegada de ese hijo era evidente.
—En unas semanas, cuando realicemos la siguiente ecografía detallada, podremos determinar el sexo con mayor claridad, siempre que la posición del bebé lo permita —respondió el doctor.
Antes de que el médico cerrara su maletín, Matthias volvió a intervenir:
—Tenemos un evento importsnte el sábado ¿Puede asistir?
Davinna se tensó de nuevo. Solo le faltaba que su mentira le resultara contraproducente y Matthias terminara largandose a la fiesta de los Rinaldi con Devora.


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