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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 52

En ese momento, las pesadas puertas se abrieron. Pasos firmes resonaron en el pasillo hasta que la figura de Matthias apareció en el umbral de la cocina.

Lucía impecable, compuesto y relajado. Llevaba el saco del traje sobre el brazo y la camisa ligeramente desabrochada en el cuello. Nadie que lo observara en ese instante podría adivinar que, apenas unas horas antes, había ordenado la ejecución de cuatro hombres y presenciado un interrogatorio violento en un almacén del puerto.

—Matthias, llegaste —dijo Devora de inmediato, transformando su rostro en una expresión de cálida bienvenida.

El capo dirigió la mirada a Davinna, recorriéndola durante varios segundos con la mirada. Antes de que él pudiera dar tres pasos hacia el centro de la cocina, la viuda se acercó a él con rapidez y le tomó el brazo izquierdo con una familiaridad evidente, pegando su cuerpo ligeramente al de él.

Davinna vio la mano de Devora sobre el brazo de Matthias. La escena le provocó una llamarada instantánea de enojo que le nubló la razón durante un instante. Se sintió ridícula, pero la rabia de ver a esa mujer marcando territorio frente a sus ojos fue más fuerte que su juicio.

Davinna dejó caer el utensilio sobre la mesa con un golpe seco.

Se llevó ambas manos al vientre, frunció el rostro en una mueca de dolor y soltó un quejido bajo:

—Ah...

Matthias se congeló al instante. Desvió la mirada de Devora y la clavó en Davinna.

—Davinna.

Ella apretó un poco más las manos contra su estómago, aumentando el dramatismo con los ojos entrecerrados.

—Me... me duele.

El cambio en Matthias fue inmediato y aterradoramente eficiente. Apartó el brazo del agarre de Devora con una brusquedad que hizo que la viuda casi perdiera el equilibrio, y cruzó la cocina hasta quedar frente a Davinna.

—¿Dónde? ¿Qué sientes? —preguntó con la voz grave, estaba preocupado.

A Davinna no le dolía nada, solo quería que Matthias quitara la atención de esa bruja. Su dolor era fingido. Lo había visto en uno de esos dramas chinos y para su sorpresa había servido. Ya no podía dar marcha atrás.

Entonces decidió llevar la actuación un poco más lejos de lo planificado.

—Tengo miedo... mi bebé... se siente raro.

«Ay, Davinna. Debería darte vergüenza» pensó. Pero en cuanto la palabra bebé salió de sus labios, Matthias dejó de hacer preguntas. Se inclinó, pasó un brazo firme por detrás de su espalda y el otro debajo de sus rodillas, y la levantó en vilo contra su pecho.

Davinna ahogó un grito de sorpresa, rodeándole el cuello por instinto. Ella solo quería que le quitara las manos de encima a Devora, técnicamente había funcionado.

Matthias se giró hacia la viuda con una mirada helada que no admitía réplicas.

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