De regreso al presente, Davinna sintió esa misma molestia en el pecho. No quería creerle, pero Matthias estaba fuera de si en la noche y demasiado duro como para dudar de su palabra.
Agarró el cepillo y se dio dos pasadas rápidas en el cabello para no mostrarse afectada. Quería arrojarle el cepillo en la cara.
Matthias la observaba en silencio, pensando rápido. Al ver cómo lo miraba ella, se le acerco un poco más y soltó con total seguridad:
—En esta casa, la única mujer que me ha tenido adentro eres tú, pastelito.
—Qué honor —respondió Davinna con ironía, convencida de que la cuñada simplemente lo había rechazado antes de que él buscara su cuarto y se metiera en su cama.
Por supuesto lo había disfrutado mucho y quiza eso le daba mas rabia.
Matthias ignoró el comentario.
—No recuerdo haber besado a Devora.
—Qué conveniente.
—No he dicho que no ocurrió —aclaró él levantando un poco la voz—. He dicho que no lo recuerdo.
Davinna apretó los labios. Empezó a juntar los detalles en su cabeza. Se acordó de cómo lo había visto en el pasillo: sudando, caliente como si tuviera fiebre, apenas pudiendo mantenerse en pie y actuando raro, muy diferente a como era siempre. Ella había pensado que él se había puesto borracho o metido algo por su cuenta.
—Estabas muy mal, Matthias —le recordó ella mirándolo—. Tenías muchísimo calor, no podías ni caminar bien y era obvio que no estabas en tus cabales. Pensé que consumías alguna droga cuando te daba la gana.
La postura de Matthias cambió por completo. La cara se le puso dura y el ambiente en el cuarto se volvió pesado.
—Yo no consumo nada —dijo en voz baja.
Davinna soltó el cepillo.
—Pues anoche parecía todo lo contrario.
Matthias cerró los ojos un segundo, tratando de forzar a su cabeza a romper la niebla de anoche. No sentía el malestar del alcohol ni el efecto de nada que él conociera. Solo había un hueco de varias horas.
—Tampoco tomo hasta perder el conocimiento por tantas horas —añadió él abriendo los ojos con gesto serio.
Davinna se quedó callada. La seguridad con la que él lo dijo le hizo dudar. La idea de un hombre tan controlado perdiendo el sentido de la nada no encajaba con un exceso cualquiera. Algo raro había pasado.
Matthias no pudo culpar a nadie de momento. No tenía pruebas ni nombres, y eso era justo lo que tenia que conseguir.
—No recuerdo qué pasó antes de llegar aquí, dijo rozando sus labios con los suyos —a una parte de él le encantaba ver ese ceño fruncido. Era excitante verla molesta. Y claro que también queria repetir lo de anoche, estando completamente cuerdo, perl antes debía castigar al culpable de sus sintomas—. Pero voy a averiguarlo.
Davinna seguía molesta y confundida como para ponerse linda con él. Se levantó del taburete, juntó la ropa del suelo y se la puso contra el pecho para marcar su distancia.
—Entonces averígualo después de vestirte. Ponte la ropa y sal de mi habitación.

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