Matthias no dijo nada. Se le quedó viendo tratando de armar las piezas de algo que no entendía.
—Querías estar con tu cuñada y, como no ocurrió, terminaste en mi cama ¿No es así? —afirmó Davinna sin dudar.
¿Que carajos tenía que ver Devora?
Él se quedó callado. Trató de escarbar en su cabeza buscando a Devora. Solo le venía una imagen borrosa de haberla visto cerca de la entrada del salón al llegar, pero nada más. Ni siquiera estaba seguro de si esa imagen era real o si su cerebro la inventaba para llenar el hueco.
Ese silencio le dio más rabia a Davinna.
—No sabía que consumías esas cosas —agregó ella con coraje—. Tampoco sabía que te interesaba tanto tu cuñada.
Matthias endureció la cara de inmediato. Dio un paso más hacia ella, acortando la distancia.
—No tengo que darte explicaciones sobre mi vida —le dijo con voz seria—. Pero entre Devora y yo no existe eso que estás imaginando. Jamás sentiría deseo por ella.
Davinna dejó ir una risa corta, sin nada de gracia.
—Devora no dijo lo mismo.
Matthias puso toda su atención en ella.
—¿Qué dijo?
—Que la besaste anoche. Y que trataste de meterte en su cama ¿Es mentira?
Él volvió a buscar en su mente. No había un solo recuerdo del momento que Davinna mencionaba. Pero si algo tenía Matthias era que no mentía para quedar bien; si hubiera querido acostarse con la mujer de su hermano lo diría de frente, porque nadie en esa casa le pedía cuentas.
La miró a los ojos y dijo la verdad:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Heredero del Arrogante Millonario