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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 43

El vapor del agua caliente todavía flotaba en el baño cuando Davinna salió con una toalla en la cabeza y una bata cómoda de lino blanco. Caminó despacio hasta el tocador y se tomó su tiempo para sentarse frente al espejo. Tomó el cepillo de madera y comenzó a desenredar su pelo húmedo con pasadas lentas y constantes. Por fuera se veía completamente tranquila.

En realidad, por dentro estaba llena de coraje.

No había lágrimas en sus ojos ni temblor en sus manos. No iba a montar un berrinche ni a romper cosas. Sobre todo, no podía hacerle al mafioso una escena de celos cuando ellos no estaban en una relación.

A través del espejo podía ver la cama detrás de ella, donde Matthias empezaba a moverse. Estaba desnudo por supuesto, con la cobija apenas le tapándole la mitad de las piernas, dejando al descubierto su espalda ancha y sus sensuales cicatrices. Al girarse, la sábana se corrió y su erección matutina quedó a la vista de golpe. Era imposible no verla. Davinna tragó saliva y lo miró unos segundos en el reflejo, pero no dejó de pasarse el cepillo por el cabello.

Matthias abrió los ojos despacio. Le dolía la cabeza y tenía la boca seca. Sin embargo, antes de terminar de despertar, la certeza de lo que había pasado anoche en esa cama se le vino de golpe a la mente.

No recordaba todo en orden, pero tenía imágenes demasiado claras de Davinna: el olor de su piel, el tono de su propia voz llamándola pastelito, el tacto de sus pechos rozándole el torso y la forma en que su vag¡na lo apretaba mientras le pedía que no parara y que lo hiciera más fuerte. Recordaba cómo la había pegado a su cuerpo para volver a besarla una y otra vez.

El problema era que, cuando intentaba recordar qué había hecho antes de entrar a esa habitación, no encontraba nada.

Había un vacío absoluto.

No recordaba haber estado bebiendo. La memoria de las horas previas al llegar a la mansión se le había borrado por completo. Tampoco se acordaba del mono en el sillón, ni del pasillo, ni de cómo terminó entrando a la habitación de Davinna.

Ese hueco en la cabeza lo puso en alerta. Horas enteras de su noche se habían esfumado, pero los momentos en que estuvo con Davinna estaban grabados con una claridad increíble. La habia follado como un animal en celo gran parte de la noche. Y eso agradecía recordarlo.

Matthias se incorporó despacio sobre la cama, pasándose la mano por la cara y dejando caer la cobija a un lado.

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