Dos días después, la camioneta de la familia se detuvo frente al centro médico privado en el centro de Palermo. Matthias cumplió su palabra y acompañó personalmente a Davinna a la consulta. Elio Caruso caminaba unos pasos detrás de ellos, manteniendo la vista atenta a cualquier movimiento sospechoso en la calle.
Dentro del consultorio, la luz era tenue. Davinna estaba recostada en la camilla con la blusa alzada, mientras el médico deslizaba el transductor con gel frío sobre su vientre. En la pantalla contigua, una pequeña imagen en tonos grises comenzó a dar forma a la figura dentro de su matriz.
—Todo se ve en orden —explicó el médico, señalando un punto parpadeante en la pantalla—. Tienes aproximadamente ocho semanas de gestación. Es demasiado pronto para determinar el sexo del bebé, pero el latido del corazón es fuerte y constante.
Davinna contempló la pantalla con una sonrisa pequeña y emotiva, llevándose una mano a la boca para contener la emoción. A su lado, Matthias permanecía de pie con los brazos cruzados. Aunque intentó mantener su rostro inexpresivo de siempre, sus ojos oscuros no se despegaron de la pantalla ni un solo segundo, escuchando con atención extrema cada palabra del especialista.
El médico limpió el vientre de Davinna con una toalla de papel y se sentó tras su escritorio.
—Para estas primeras semanas es fundamental mantener una buena alimentación, hidratarse bien, descansar y evitar cualquier tipo de esfuerzo físico pesado o situación de estrés elevado. Si llegan a presentarse dolores agudos o sangrado, deben acudir inmediatamente a urgencias.
Matthias se dio la vuelta desde la camilla y miró al doctor sin el menor pudor.
—¿Podemos mantener relaciones s£xuales? —preguntó directamente.
Davinna sintió que la cara le ardía por completo. Se sentó de golpe en la camilla y lo miró con ganas de matarlo allí mismo.
—¡Matthias! —reprendió en un susurro indignado.
El médico sonrió con tranquilidad, acostumbrado a las dudas de los padres.
—Si el embarazo continúa desarrollándose sin complicaciones y no hay dolor ni sangrado, no existe contraindicación médica. Las relaciones sexuales son completamente seguras, aunque se recomienda cierta moderación.
—Yo soy intenso —respondió Matthias tranquilamente, sin inmutarse por la presencia del doctor—. Me gusta mucho el sexo. Quiero saber si para ella es seguro.
Davinna quiso que la tierra se la tragara en ese preciso instante. Se cubrió el rostro con las manos mientras el médico soltaba una risa ligera. Sobre todo porque ellos no eran una pareja. ¿A que venía esto de repente?
—En ese caso, la recomendación de moderación aplica con mayor razón —aclaró el médico—. Actividades muy bruscas pueden causar molestias o pequeñas contracciones. Escuchen al cuerpo de Davinna; si ella siente dolor o malestar, deben detenerse.
Matthias asintió lentamente y luego sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo del saco.
—¿Y el tabaco? Fumo bastante. ¿Puedo hacerlo cerca de ella?
—Absolutamente no —respondió el médico con firmeza—. El humo de segunda mano es sumamente perjudicial para el desarrollo del feto. Debe evitar por completo fumar en la misma habitación o cerca de ella.
Matthias no protestó, no buscó excusas ni intentó negociar. Guardó el paquete de cigarrillos de vuelta en el saco y asintió una sola vez con la cabeza. Para él, cualquier indicación que pusiera en riesgo la salud de su hijo era una regla absoluta que no se cuestionaba.
Al salir del centro médico hacia la calle soleada, Matthias buscó instintivamente el encendedor en el bolsillo, pero al mirar a Davinna a su lado, retiró la mano y prefirió no encender nada.


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