Matthias mantenía los codos apoyados sobre la caoba del escritorio, observando la puerta por la que Davinna acababa de salir. Francesco Martini entró apenas unos segundos después, cerrando la hoja de madera detrás de sí. Traía en la mano una carpeta de piel oscura, abultada por hojas de papel y fotografías impresas.
—Ahorrémonos las vueltas, Francesco —dijo Matthias, frotándose la mandíbula con cansancio mientras se acomodaba en el sillón de cuero—. Dime qué encontraste sobre el tipo este, Ferraro.
El consigliere caminó con paso firme hasta el escritorio y depositó la carpeta justo frente a Matthias. Se acomodó el saco y permaneció de pie, con la serenidad de quien lleva casi dos décadas analizando la vida ajena para la familia.
—Los Ferraro han sido una de las firmas más respetadas de Sicilia durante generaciones —empezó a explicar Francesco, mientras Matthias abría el expediente y comenzaba a pasar las hojas con movimientos metódicos—. Viñedos, hoteles de lujo, participaciones en bienes raíces. Todo el mundo en Palermo piensa que nadan en millones. Sin embargo, cuando se escarba un poco bajo la superficie de sus finanzas, se topa con un desastre total. Están en la ruina, señor Angelini. Acumularon deudas monumentales por malas inversiones en el extranjero, tienen casi todas sus propiedades hipotecadas y solo han sostenido el estilo de vida pidiendo préstamos privados para cubrir los intereses de los anteriores.
Matthias no cambió el semblante. Sostuvo entre los dedos una fotografía de Valentino Ferraro vistiendo un traje a medida en una gala benéfica, sonriendo para las cámaras con una copa de champán en la mano.
—Un cascarón vacío —comentó Matthias, soltando la foto sobre el escritorio—. Un muerto de hambre disfrazado de caballero.
—Exactamente —asintió Francesco—. Valentino estuvo comprometido con Davinna Allen durante bastante tiempo. Una relación formal, aceptada por ambas familias. Pero de pronto, hace apenas unos meses, comenzó a frecuentar a la hermana mayor, Donatella, hasta que rompió el compromiso con Davinna para anunciar su boda con ella.
—Dejó a la mujer con la que se iba a casar para acostarse con la hermana —murmuró Matthias con una mueca amarga, sintiendo un rechazo visceral por el sujeto, pero las consecuencias no le molestaban en realidad, teniendo en cuenta que gracias a ello Davinna le daría un hijo—. Qué clase de basura.
—Hay un detalle todavía más interesante —continuó el consigliere, inclinándose ligeramente hacia adelante—. Al revisar la estructura patrimonial de los Allen para entender el movimiento, descubrimos algo bastante extraño. La señorita Davinna no aparece en ningún documento como heredera directa de los activos principales de Claudio Allen. Toda la fortuna, los contratos de infraestructura y los terrenos están blindados únicamente a nombre de Donatella. No sabemos por qué Claudio la dejó fuera, pero si nosotros lo descubrimos en un par de horas, es casi seguro que Valentino lo supo antes. Casarse con Davinna no le resolvía la quiebra; casarse con Donatella le da acceso directo al dinero que necesita para salvar a su familia.


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