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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 18

Minutos después, Davinna apareció en el comedor.

Se detuvo al ver a Matthias sentado junto a Devora y comprendió inmediatamente que la habían mandado llamar por algo. Cruzó los brazos sobre el pecho.

—¿Ahora qué hice? —preguntó al acercarse, mirando primero a Matthias y después a Devora con evidente desconfianza.

Matthias señaló la silla frente a él con un movimiento de la mano. Esperó hasta que Davinna tomó asiento antes de continuar.

—¿Por qué no cenaste? —preguntó mientras la estudiaba detenidamente.

Davinna miró hacia Devora y comprendió de dónde había salido aquella conversación. Soltó un suspiro.

—Porque me dio náuseas —explicó mientras apoyaba una mano sobre el vientre por simple reflejo.

Matthias frunció el ceño y dirigió una mirada hacia los platos.

—¿Toda la comida? —preguntó, como si le resultara imposible que alguien pudiera rechazar absolutamente todo lo que había sobre la mesa.

Davinna negó con la cabeza.

—Casi toda. Desde que estoy embarazada hay cosas que no puedo ni oler. Algunas carnes, ciertas salsas... cambia según el día —explicó mientras hacía una pequeña mueca al recordar el aroma que la había obligado a levantarse.

Devora bajó la vista para esconder una pequeña sonrisa.

Esperaba la reacción de Matthias y llegó. Solo que no fue la que esperaba.

—Gemma.

La sirvienta se acercó inmediatamente al escuchar su nombre.

Matthias apoyó un brazo sobre la mesa y señaló brevemente hacia Davinna.

—Desde mañana no se cocina nada que ella no pueda comer —ordenó con total naturalidad, como si modificar la rutina de la casa fuera la solución más evidente.

Davinna lo miró sorprendida.

Devora también.

Matthias ignoró ambas reacciones.

—Cada mañana Davinna decidirá qué quiere comer durante el día —continuó, regresando la atención a Gemma—. Asegúrate de que tengan todo lo necesario.

La sirvienta asintió sin cuestionarlo.

—Por supuesto, señor —respondió antes de dar un pequeño paso atrás.

Devora dejó lentamente el tenedor sobre el plato. El sonido del metal contra la porcelana consiguió que Matthias la mirara.

—Matthias, eso es absurdo —intervino, procurando conservar un tono razonable aunque la decisión acababa de irritarla—. No puedes cambiar la alimentación de toda la casa por una sola persona. No me parece justo que tengamos que restringirnos porque a ella le produzcan náuseas determinados alimentos.

Matthias giró lentamente la cabeza hacia su cuñada.

Solo eso le faltaba, que la viuda de su hermano contradijera su palabra. Podía ser permisivo con ella, porque después de todo era aún una Angelini. Pero nadie en su maldita vida, tenía derecho de cuestionar sus órdenes. Mucho menos ella.

La observó unos segundos antes de responder, como si no comprendiera por qué aquello debía convertirse en una discusión.

—Davinna se encargará de la comida, puedes comer lo que te venga en gana o largarte de esta casa —contestó sin mostrar interés por seguir debatiéndolo.

Devora enmudeció. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y no de buena manera. Se arrepintió de haber abierto la boca y maldijo a la maldita embarazada por provocar todo eso.

Matthias volvió la mirada hacia Gemma.

—Pero quien decide el resto será Davinna —añadió, dejando claro que la decisión estaba tomada.

Después se levantó.

Eso había terminado de enfurecerlo. Primero aquel maldito prometido y ahora descubrir que Davinna no había comido casi nada en todo el día.

—Y asegúrense de que coma —ordenó mientras acomodaba los puños de la camisa.

…

Matthias estaba revisando unos documentos en su despacho casi media hora después y ni siquiera levantó la cabeza cuando llamaron a la puerta.

—¿Qué carajos quieren ahora? —soltó con fastidio mientras pasaba una hoja del expediente.

La puerta se abrió apenas.

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