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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 17

Al llegar a la mansión Angelini, un aroma intenso proveniente del comedor le revolvió el estómago.

Davinna apenas cruzó la entrada cuando tuvo que llevarse una mano a la boca. Permaneció quieta unos segundos, respirando despacio hasta que las náuseas disminuyeron lo suficiente para continuar.

—Justo a tiempo.

La voz de Devora llegó desde el comedor.

Davinna avanzó hasta encontrarla supervisando cómo terminaban de colocar los platos sobre la mesa. La mujer se movía por aquella casa con la seguridad de alguien que llevaba años haciéndolo. Revisó una botella de vino, y pidió a una empleada que retirara un plato porque Matthias prefería otra presentación.

Davinna se quedó observándola.

La mujer sabía qué comía Matthias, cómo le gustaba servido, qué licor tomaba y hasta dónde debía colocarse cada cosa.

Era una cuñada demasiado atenta. Eso le causó una ligera molestia.

Devora terminó de revisar la mesa y, al notar que Davinna seguía de pie, le dedicó una sonrisa amable.

—Siéntate —la invitó mientras señalaba uno de los lugares preparados—. Pedí que prepararan la cena temprano.

Davinna se acercó, pero el aroma de una de las preparaciones le golpeó nuevamente el estómago. Sintió cómo la saliva se acumulaba en su boca y tuvo que respirar despacio para no vomitar. Aun así, tomó asiento porque no quería que Devora interpretara aquello como un desprecio.

—Gracias, pero creo que no puedo comer eso —admitió mirando con recelo el plato que acababan de colocar frente a ella.

Devora bajó la vista hacia la comida y después volvió a observarla. Por un momento pareció no entender qué podía tener de malo.

—Es una de las mejores recetas de la casa —comentó mientras se sentaba frente a ella y acomodaba la servilleta sobre sus piernas.

Davinna tomó el tenedor. No quería iniciar una discusión por algo tan absurdo.

—No digo que esté mala —aclaró, intentando llevarse un pequeño bocado a la boca.

No llegó a probarlo.

Apenas acercó el tenedor, las náuseas regresaron con tanta fuerza que tuvo que dejarlo inmediatamente. Cerró los ojos unos segundos y respiró por la boca.

Terminó comiendo un pedazo de pan y algunas frutas que había sobre la mesa. Era lo único que su estómago parecía dispuesto a aceptar.

—Disculpa. No puedo —murmuró al final mientras apartaba la servilleta. Sentía que si permanecía un minuto más frente a aquellos platos terminaría vomitando.

Se levantó antes de que su estómago decidiera humillarla frente a aquella mujer y abandonó el comedor.

Devora siguió con la mirada su espalda hasta que desapareció. Los dedos con los que sostenía la servilleta se apretaron lentamente y la sonrisa se borró de su rostro.

—Ojalá se largue pronto —murmuró para sí, volviendo la vista hacia el lugar vacío que Davinna acababa de abandonar.

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