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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 16

Davinna sostuvo la invitación entre los dedos incluso después de que Matthias se marchara. El papel era grueso, elegante, de esos que costaban demasiado para terminar olvidados en un cajón. Los nombres de Donatella Allen y Valentino Ferraro aparecían juntos en el centro, impresos con letras doradas que parecían restregarle en la cara algo que todavía no había terminado de superar.

Una punzada le atravesó el pecho.

No iba a fingir que no le dolía. Una traición siempre dolía, pero aquella había venido del hombre que juró amarla y de la hermana que siempre le quitaba todo lo que tenía. Lo peor no era siquiera que fueran a casarse. Era recordar la humillación de encontrarlos juntos, la bofetada de su madre y la indiferencia de su padre mientras ella intentaba entender qué demonios había hecho para que todos la trataran como si fuera la culpable.

Davinna siempre había sabido que en su familia existía algo extraño respecto a ella. Nunca había entendido qué.

Carlotta podía pasar semanas organizando una celebración para Donatella y olvidar el cumpleaños de Davinna hasta que alguien se lo recordaba. Si ambas querían algo, Donatella lo obtenía. Si discutían, Davinna tenía la culpa. Si su hermana lloraba, todos corrían a consolarla. Si lloraba ella, su madre encontraba alguna razón para decirle que dejara de hacerse la víctima.

Había aprendido a no esperar nada de ellos.

Aun así, dolía.

—Davinna.

La voz de Chiara consiguió que levantara la cabeza. Su amiga estaba al otro lado de la mesa de trabajo con una manga pastelera inmóvil entre las manos. Tenía veinticinco años, apenas dos menos que ella, y una expresión que mezclaba preocupación con una curiosidad tan evidente que resultaba casi cómica.

—Haz la pregunta que sé que te mueres por hacer —la animó Davinna mientras apartaba la invitación hacia una esquina de la mesa, deseando dejar de ver aquellos dos nombres juntos.

Chiara frunció primero el ceño. No le duró ni dos segundos. Los ojos se le iluminaron y dejó la manga pastelera sobre la mesa antes de acercarse.

—Me estaba quemando la lengua por preguntarte —confesó, inclinándose hacia ella como si estuviera a punto de compartir el secreto más importante de Sicilia—. ¿De verdad ese hombre es tu novio?

Las mejillas de Davinna se calentaron de inmediato. Bajó la mirada hacia el pastel que tenía delante y tomó una espátula, aunque la crema estaba perfectamente distribuida y no necesitaba tocarla más.

—No —respondió finalmente, concentrándose demasiado en alisar una esquina del pastel.

Chiara parpadeó, desconcertada. Había visto perfectamente cómo aquel hombre la sujetaba y, sobre todo, cómo Davinna había permitido que lo hiciera.

Davinna soltó el aire por la nariz. Aquello iba a ser bastante más difícil de explicar de lo que había imaginado.

—No es mi novio —aclaró, dejando la espátula sobre la mesa antes de que terminara destrozando la decoración únicamente por los nervios—. Es el padre del bebé que estoy esperando.

La manga pastelera que Chiara acababa de recuperar se le escapó de los dedos y cayó sobre la mesa. Permaneció inmóvil durante varios segundos, mirando primero a Davinna y después bajando instintivamente los ojos hacia su vientre todavía plano.

—¿Estás embarazada? —exclamó Chiara, llevándose ambas manos a la boca mientras la sorpresa le hacía elevar demasiado la voz.

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