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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 14

Donatella cerró la puerta de la casa con tanta fuerza que el golpe hizo que Carlotta levantara la cabeza desde el sofá. Dejó la revista que tenía entre las manos y se incorporó al ver entrar a su hija mayor con el rostro alterado, el cabello ligeramente desacomodado y una expresión de indignación que conocía demasiado bien.

—¿Qué te pasó? —preguntó de inmediato, acercándose a ella—. Donatella, ¿qué ocurre?

—Fui a ver a Davinna.

Carlotta se detuvo. Su preocupación se transformó casi de inmediato en desaprobación.

—¿Para qué demonios fuiste a verla?

Donatella dejó el bolso sobre una mesa y se tocó el brazo, justo en el lugar donde Davinna la había sujetado antes de echarla de la pastelería.

—A entregarle la invitación de la boda. ¿Puedes creer que me jaloneó? Me puso las manos encima y prácticamente me echó a patadas de esa mugrosa pastelería.

—Ven aquí.

Carlotta la hizo sentarse y examinó su brazo como si esperara encontrarle una herida. Donatella aprovechó la atención para exagerar una mueca de dolor cuando los dedos de su madre rozaron la piel.

—Te dije que no volvieras a acercarte a ella después de lo que pasó —la reprendió Carlotta, aunque continuó acariciándole el brazo—. Estamos mucho mejor desde que salió de esta casa. No entiendo por qué tenías que invitarla.

—Porque quiero que lo vea con sus propios ojos, mamá.

Donatella se acomodó el cabello detrás de la oreja. La molestia desapareció un poco de su rostro y en su lugar apareció una expresión satisfecha.

—Quiero que vea a Valentino casándose conmigo. Que entienda de una vez que él me ama a mí y que no se le ocurra intentar recuperarlo después.

Carlotta apretó los labios. Aquella explicación parecía haber cambiado por completo su opinión.

—En eso tienes razón —concedió—. Porque no me extrañaría que esa zorra intentara entrometerse en tu matrimonio. Ya viste cómo reaccionó cuando los encontró juntos. Como si tú fueras la culpable de que Valentino dejara de quererla.

Donatella sonrió. Había escuchado aquella versión tantas veces de boca de su madre que ya casi parecía una verdad.

—Aunque hay algo que no te he contado —musitó con un gesto de asombro.

—¿Qué?

—No estaba sola.

Carlotta arqueó las cejas.

—¿Con quién estaba?

—Con un hombre.

La curiosidad apareció inmediatamente en el rostro de su madre.

—¿Un hombre?

—Sí. Y no estaba precisamente lejos de ella.

Donatella recordó el brazo de Matthias rodeando la cintura de Davinna y la facilidad con la que la había pegado a su cuerpo. También recordó su tamaño, la forma en que la había observado y esa seriedad que la hizo medir mejor sus palabras mientras estuvo delante de él. Había algo intimidante en aquel desconocido, aunque prefería no reconocerlo.

—Era bastante apuesto —admitió—. Grande, musculoso... y tenía pinta de ser problemático.

Carlotta soltó una risita.

—Seguro que no tiene un centavo. Davinna probablemente lo mantiene con lo que gana vendiendo pastelitos y después lo viste bien para hacer creer que consiguió un novio rico. Siempre ha tenido una necesidad absurda de demostrar que puede vivir sin nosotros.

Donatella rio con ella, aunque algo no terminaba de encajarle. La ropa del desconocido no parecía barata. Tampoco el reloj que había alcanzado a ver en su muñeca. Pero no tuvo tiempo de comentarlo.

La puerta volvió a abrirse.

Vendiendo pastelitos 1

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